
ERIK ÁLVAREZ MABÁ
Enfermero de la Facultad de Medicina UCSC
La noticia del fallecimiento de una bebé de 2 meses debido a un cuadro de neumonía en el Hospital Claudio Vicuña de San Antonio es profundamente triste. Más aún en un país como el nuestro cuyas cifras de mortalidad infantil es baja. En principio, creo necesario manifestar nuestras condolencias hacia la familia con cuyo sufrimiento es natural empatizar. Este tipo de situaciones, tan dolorosa para la familia, también lo es para el equipo de salud que atendió a la pequeña y a su familia, porque a pesar de todos sus esfuerzos y dedicación, no pudieron evitar el triste desenlace.
Muchas veces, no logramos dimensionar, la carga emocional que deben soportar estos equipos, quienes se enfrentan a circunstancias difíciles y, a veces, desalentadoras en su labor diaria. Más aún cuando intermedian factores como la falta de recursos para la asistencia. Una de las situaciones más críticas para los trabajadores sanitarios se vivió durante la pandemia, observándose que el covid-19 tuvo un impacto negativo en el bienestar emocional de los trabajadores de la salud, especialmente en términos de agotamiento y fatiga por compasión, que es un fenómeno psicológico experimentado por personas que están expuestas continuamente al sufrimiento de los demás.
Estudios realizados en enfermeras que trabajan en cuidado intensivos, señalan que el agotamiento es un problema común y que, junto al impacto personal, esto puede afectar la calidad del cuidado que brindan a los pacientes. La evidencia ha incluido, entre los síntomas experimentados por estas profesionales, los trastornos del sueño, dolores de cabeza, malestar general, agotamiento, dificultad para respirar, síntomas emocionales como ansiedad, estrés, miedo, preocupación y empatía. Además de efectos sociales como el estigma y aislamiento.
El tiempo que los trabajadores de la salud dedican las personas, especialmente a aquellas que requieren de mayor cuidado, es propicio para que se generen relaciones humanas que incluyen además a los familiares que, en el caso de niños, permanecen dentro de las unidades de cuidado durante la hospitalización. Esta cercanía hace más intensas las emociones que el personal de salud experimenta cuando se enfrenta a casos especialmente complejos, en que además la urgencia y la demanda de cuidado sobrecargan al equipo. Ante esta situación el mantener estrategias de intervención y apoyo al equipo de salud se vuelve tan esencial como la provisión de los elementos de protección personal.
Una elevada demanda de atención que supere la capacidad material del sistema de salud para responder nos vuelve a poner frente a muchos desafíos y decisiones que necesariamente deben incluir la preocupación especial por quienes aportan humanidad al sistema y que en muchos casos sufren con el dolor de sus pacientes y familiares: el equipo de salud.