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Opinión

La guerra en Ucrania y el fin de la historia

Sea cual sea la evolución de la guerra, se trata de una ruptura del sistema internacional comparable al final de la primera era de la globalización en 1914.

Por: Diario Concepción 16 de Abril 2022
Fotografía: Millán Requena Casanova

Millán Requena Casanova
Académico de la Universidad de Alicante (España)
Programa de Estudios Europeos, Universidad de Concepción

La guerra en Ucrania ha destrozado la visión de la historia que ha guiado a Occidente durante los últimos 30 años. Se ha dicho que el siglo XX empezó en 1914 y acabó en 1989. Cuando el politólogo F. Fukuyama proclamó, en su célebre ensayo “El Fin de la Historia”, que la implosión de la Unión Soviética y el bloque comunista provocaría la expansión de democracia liberal a todos los confines del planeta, los internacionalistas fervientes celebraron el amanecer de un régimen universal de derechos humanos.

La invasión de Ucrania y la barbarie cometida en Bucha y otras ciudades, con crímenes de guerra contra la población civil, evidencia que el triunfo del liberalismo que anunció Fukuyama fue solo un espejismo.
Sea cual sea la evolución de la guerra, se trata de una ruptura del sistema internacional comparable al final de la primera era de la globalización en 1914.

Es cierto que el interés nacional de Rusia no es distinto del que tuvo en la época soviética o zarista. Siempre ha sido el mismo: disponer de un área de influencia, controlar el Báltico, el Mar Negro y Asia Central, y desplazar su perímetro de seguridad cuando más al Este mejor. Las guerras de Georgia (2008) y Transnistria (1992) son un claro ejemplo de esa política. Si Rusia logra sus objetivos políticos por medios militares, Europa no será lo que era antes de la invasión. Se producirá una ruptura casi total entre Rusia y Occidente.

Las consecuencias geopolíticas de la invasión imponen una profunda revisión de las relaciones entre las democracias occidentales y las autocracias revisionistas: China y Rusia. Revisión que afecta a la transición energética y al suministro de bienes y servicios, que hagan a Europa (y a Occidente) menos dependiente del gas ruso y de la producción china. La relación China-Rusia es hoy la más sólida que se ha conocido. La UE debe construir una capacidad de defensa autónoma, complementaria a la Otan, centrada ahora en su capacidad para defender a los países de su flanco Este (Polonia y los bálticos). El cambio de actitud de Alemania es la gran novedad. Berlín se ha comprometido a invertir un 2% del PIB en gasto militar y suspender el gaseoducto NordStream 2. Putin ha conseguido una decisión de Alemania que no consiguieron varios presidentes de EEUU durante décadas.

En suma, debemos abandonar el sueño iluso de un orden liberal planetario y revertir el imprudente desarme de las últimas décadas. Solo entonces el mundo occidental estará preparado para lo que nos depare la guerra de Putin.

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