
Estamos en el punto de partida de un camino que debemos allanar con diálogo y acuerdos, al que estamos invitados a aportar y construir desde nuestros espacios.
Florencia Alvez Marín
Colectiva – Justicia en Derechos Humanos
Corporación y Oficina Jurídica.
A pocos días de la instalación de la Convención Constitucional un manto de incertidumbre se cierne sobre la ceremonia: ¿Cómo transcurrirá? ¿Qué símbolos se utilizarán?. Entre estas preguntas, surgen las de representantes de Pueblos Originarios que, como navajas se hienden en una herida demasiados años desatendida: ¿Se traducirá a idiomas de Pueblos Originarios? ¿La machi Francisca podrá ser acompañada del Zugu Machife y del Yancan, figuras esenciales en su condición de autoridad ancestral? ¿Brunilda Mamani, Warmi del Pueblo Aymará, realizará una ceremonia tradicional? ¿Los documentos oficiales serán traducidos a los idiomas indígenas?
Una segunda reflexión sobre estos asuntos aparentemente administrativos, nos aproxima al trasfondo histórico, cultural y de derechos que implican: el reconocimiento al otro, diferente pero igual en derechos. Es la primera vez en la historia de Chile que los Pueblos Originarios participan, a través de sus representantes, en la redacción de la Norma Fundamental. El Estado ha adquirido obligaciones en el plano internacional: el Convenio 169 de la OIT, vigente desde el año 2009 en Chile, señala que es deber del Estado adoptar las medidas para proteger los derechos de los Pueblos y garantizar el respeto de su integridad. A lo largo de su articulado reitera que deberán reconocerse y protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales de los Pueblos. Esto implica repensarnos desde la raíz, revisar la historia que nos han contado, vincularnos de una forma diferente. Al plantearse la posibilidad de que la Convención incorpore las lenguas indígenas, la pregunta sobre si Chile es o no un país plurinacional se torna retórica. La evidencia de la diversidad cultural que nos constituye florece ante nuestros ojos, y no puede ser contenida por la monolítica estructura institucional. Nos obliga a avanzar en interculturalidad, en diálogo horizontal, entre culturas diversas, en igualdad.
Estamos en el punto de partida de un camino que debemos allanar con diálogo y acuerdos, al que estamos invitados a aportar y construir desde nuestros espacios. Solo así las puertas ante las que hoy nos encontramos se abrirán de par en par para todos los que habitamos este Chile.