
Señor Director:
Si bien la Ley de Atención Preferente destinada al adulto mayor se basa en algo llamado sentido común, también es lógico preguntarse si esta jerarquización hará la diferencia frente a un escenario en que la salud es un lujo, esto considerando la falta de especialistas en los Centros de Salud Pública, el precio de los medicamentos (de los cuales muchos de nuestros abuelos son dependientes) e incluso las consabidas miserables pensiones con las cuales deben sobrevivir. De hecho, las filas justamente están destinadas para quienes no es posible acceder a atención de calidad, más teniendo en cuenta que ir primero o último no quita que la respuesta sea “lo siento, no hay médico”. El mensaje es claro.
Es más. Sería interesante saber qué tantas filas para lograr un número para atención médica hay en las comunas según su nivel de ingresos. Dudo que lo vivido a diario en Hualpén sea similar al escenario de comunas tipo Vitacura.
Por cierto, en un país que envejece a pasos agigantados, cualquier gobierno de un país serio debería saber que esto no se trata de ir primero o último en una fila, sino de redefinir ese concepto que para muchos es inalcanzable: dignidad.
Fernando Fernández Ulloa