
Señor Director:
La visita del Papa Francisco a nuestro país trajo consigo una serie de buenos deseos y ánimos para las chilenas y chilenos. Palabras tales como reencuentro, unidad, trabajo y paz marcaron su agenda de cuatro días. No obstante, y como es la tónica por lo general en Chile, terminada esta visita es natural volver a la rutina del día a día que las palabras, en vez de quedar, se las lleve el viento. Ante esta disyuntiva, y considerando la profundidad tanto reflexiva como espiritual de Francisco I, bien cabe preguntarse: ¿Será que las chilenas y chilenos, de una buena vez, se atreverán a ser mejores personas o seguiremos sumidos en el subdesarrollo evolutivo, el conformismo y la apatía colectiva a la cual nos hemos, como sociedad, mal acostumbrados? Sin duda que esta visita Papal es una oportunidad inmejorable para despertar del letargo, dejar el estancamiento y avanzar.
Rodrigo Durán Guzmán