La sensata opción de escuchar los mensajes que envían las encuestas

Fecha Publicación: 13/9/2015

Un mito muy conocido dentro del mundo griego es el de Casandra, hija de Príamo, rey de Troya, maldecida por Apolo con el don de la clarividencia. Y hay que insistir en su carácter de maldición, porque el regalo iba asociado a una inalienable letra chica: nadie creería sus profecías. Así, se cansó de advertirle a su padre y hermanos las desgracias que se le venían encima a su pueblo, desde el día infame en que Paris llegó con la recién raptada Helena en sus brazos, hasta que los aqueos destruyeron Troya con el ardid del caballo. Nadie la escuchó y fue hasta el final, objeto del desprecio como portadora de malos augurios. 

No es difícil trazar un paralelo entre la princesa troyana las encuestas, que vendrían siendo las casandras de nuestro tiempo. A ellas también se les ningunea, se les dice que sólo son "una foto del momento", se les acusa de ser "tendenciosas" o direccionadas por objetivos mezquinos. Asimismo, suelen afirmar quienes gobiernan que ellos "no trabajan en función de las encuestas".

Claro, el paralelo no es del todo preciso, porque si la sacerdotiza revelaba verdades "objetivas", las encuestas dan cuenta de realidades "subjetivas", pues representan sólo una percepción de los ciudadanos encuestados, determinada por infinidad de elementos. Pero esa percepción, aplicado el cedazo metodológico, representa una verdad en sí misma, donde no cabe el calificativo de ser o no justa. 

En definitiva, aunque no se les reconozca ni se les valore, las encuestas revelan verdades en lo que se refiere a la percepción de la ciudadanía frente a sus representantes y a los temas que la afligen.

También es indesmentible que, por más que se les ningunee, son temidas por políticos y autoridades, pues pueden sepultar sueños, truncar aspiraciones y reorientar decisiones importantes en una dirección diferente a la anhelada. Pero claro, aunque a veces se olvide, también pueden servir para todo lo contrario, y ser el mejor espaldarazo de la ciudadanía hacia las políticas implementadas por quienes la representan.

Es evidente que en los últimos meses las encuestas no han sido nada de favorables para el Gobierno, lo que se explica en algunos casos en la detección de situaciones de corrupción y tráfico de influencias, y por otro, en la implementación de su programa de reformas, que ha sufrido traspiés y que ha evidenciado improvisaciones y errores graves, algunos de ellos reconocidos por la autoridad, que en ocasiones incluso se ha visto forzada por las circunstancias a pedir disculpas.

Cuando recién se cumple un año y medio de Gobierno de la Presidenta Bachelet, se hace evidente que la ciudadanía está intentando enviar un mensaje a través de las encuestas, todas las cuales, por lo demás, reflejan y apuntan a lo mismo, con mínimas variaciones. 

En tiempos en que el mundo entero se prepara para soportar un escenario de bajo crecimiento, marcado por la desaceleración de China, y en que nuestro país enfrenta un dólar al alza y el cobre a la baja, con poco alentadores índices de inversión, se hace evidente la necesidad de tomar resguardos y de aplicar políticas para afrontar la contingencia y estar bien preparados para capear el temporal. En definitiva, para saber priorizar, y no amarrarse a una ruta esbozada, a la rápida, en un escenario muy diferente al actual.

Por lo demás, si el Gobierno no cree en las encuestas, ¿por qué invierte recursos en encargar algunas como insumo? Basta ya de culpar a Casandra, ella sólo intenta advertir lo que ve y evitar que Troya siga cayendo.


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