Grandes desafíos en un país que envejece

Fecha Publicación: 11/8/2016

No hay estudiante de enseñanza media que no esté familiarizado con los cambios en la pirámide demográfica chilena en los últimos cincuenta años. Pero si había alguno que no los conocía, es muy probable que haya terminado tomando conocimiento gracias al acalorado debate que se ha dado en el último mes al tenor del clamor ciudadano por introducir modificaciones en el sistema de pensiones. Claro, porque fue el primer indicador que saltó a la palestra, después que nostálgicos propusieran un retorno al antiguo sistema de reparto, lo que fue muy pronto desestimado por su inviabilidad. 

En efecto, ningún sistema de reparto sería capaz de aguantar un escenario en que la población pasiva se acerca cada vez más a la activa, y en que la vieja pirámide dejó de existir para dar paso a una especie de rectángulo. 

Más allá de la coyuntura de un problema país que debió abordarse de manera seria mucho antes, esta discusión sirvió también para visibilizar uno de los grandes temas pendientes en Chile: ¿cómo nos preparamos para vivir en un país que envejece? 

La edad de la jubilación y el monto del aporte a la pensión son sólo aristas dentro de esta problemática macro del envejecimiento de la población, pues también deben abordarse puntos tan vitales como el acceso a la salud, la vivienda, la protección legal y social, la posibilidad de inserción laboral, el fomento de comunidades para la tercera edad y de espacios de esparcimiento y recreación, y, por sobre todo la formación cultural en un país que no valora a sus mayores. 

Estos desafíos tienen que ser abordados hoy a nivel país, porque valga el cliché, mañana será muy tarde. En este tema al menos, de nada sirve ser reactivos. La consigna es planificar y anticipar.


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