Discusiones bizantinas

Fecha Publicación: 8/8/2016

Cuando los argumentos de una discusión se tornan interminables y no van para sitio alguno, o el tema es de ridícula importancia o de inexistente aplicación práctica, se les describe como discusiones bizantinas, debido a las polémicas que se daban en la antigua Iglesia Ortodoxa Griega, cuya sede era la ciudad de Bizancio, posteriormente Constantinopla, hoy Estambul. 

Las discusiones eran además de soporíferas y eternas, de resultados también eternamente inconclusivos, ya que haber tenido término habrían perdido toda la gracia. Temas de insoslayable urgencia, de inescapable necesidad, como por ejemplo; cuántos ángeles cabían en la cabeza de un alfiler, o si estos alados personajes eran de género femenino o masculino, o de ambos al mismo tiempo, o de ninguno los anteriores, asunto que provocaba no pocas veces incordios enrabiados y traumáticos. 

Se agregaban otros de mayor trascendencia en los dogmas religiosos, algunos de los cuales todavía perduran y que en su época hicieron necesaria una fuerte intervención de los emperadores para convocar Concilios, con el objeto de llegar a acuerdo, solo en Oriente se celebraron entre el siglo IV y VIII, ocho grandes concilios con el objetivo de unificar criterio, sin resultados.

Una leyenda popular burlona y posiblemente tendenciosa, explica que cuando los turcos entraron en Constantinopla e irrumpieron en el palacio imperial, encontraron al emperador y su círculo familiar y de teólogos, obsesionados como siempre, discutiendo sobre teoremas religiosos sin inmutarse, mientras en la ciudad no quedaba títere con cabeza.

Tal parece que estamos haciendo méritos para ser los bizantinos de Sudamérica.



Procopio
 


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