La amenazada convivencia republicana

Fecha Publicación: 31/7/2016

Se ha descrito al orden como la base para que podamos convivir como seres humanos, que opera como un muro de protección basado en el conocimiento de lo que esperamos unos de otros. Si se pierde ese orden, la seguridad de la sociedad está amenazada.

 

Es evidente que quienes pretenden ser elegidos para cargos públicos deben estar conscientes que al hacerlo se convierten, a sí mismos y sus cercanos, en blancos del interés y la atención pública. Por tanto, no debería ser motivo de sorpresa, el grado de inspección y permanente crítica, favorable o lo contrario, a cada una de sus actuaciones, que aunque quisieran diferenciar entre sus actividades privadas y sus actos públicos, para las lecturas de la sociedad, da más o menos lo mismo. 

Lo que no es admisible es que la sociedad reaccione de manera impropia, que se pierdan las normas de las buenas costumbres, de la simple decencia, o del más elemental respeto, que se llegue incluso a la agresión verbal y física.

Recientemente, que el ex Presidente de la República, Sebastián Piñera, fuera sometido a este tipo de tratamiento, insultos o acusaciones destempladas, en un acto ciudadano dando a conocer una propuesta que refleja su pensamiento para el mejor futuro del país. Que el senador en ejercicio, Alejandro Navarro, fuera obligado a retirarse ante reacciones airadas y agresivas de un acto público de protesta, paradojalmente sobre un tema donde ha expresado opinión coincidente con los manifestantes, o que la Presidenta haya optado por visitas enmarcadas en la reserva sobre lugares y tiempos, por eventuales motivos de seguridad, son manifestaciones de un estado inaceptable, una evidencia de pérdida de nuestra preciada convivencia republicana.

Para el ciudadano común, el que no está por lo general marchando en busca de soluciones, sino trabajando por su bienestar y el de su familia, estas situaciones no son propias del Chile en el cual cree vivir: el país del respeto a personas e instituciones, sino otro en el cual esos valores se han perdido -o tal parece- para un segmento de la sociedad cada vez más numeroso.

Hay, sin embargo, datos de este tipo de comportamiento de las sociedades, un vaticinio; "es posible que algún día se reconozca que el desafío a la autoridad establecida —religiosa, seglar, social y política—, como fenómeno mundial, es el acontecimiento más extraordinario de la última década". Hace más de 50 años hizo este comentario la historiadora y filósofa Hannah Arendt y, lamentablemente, su profecía parece ser cierta: falta de respeto a la autoridad con más fuerza que nunca. 

Se ha descrito al orden como la base para que podamos convivir como seres humanos, que opera como un muro de protección basado en el conocimiento de lo que esperamos unos de otros. Si se pierde, la seguridad de la sociedad está amenazada, siendo ésta requisito para la vida civilizada, para que las comunidades, en pequeña y gran escala, crezcan y se desarrollen armoniosamente.

Se ha instalado la peligrosa idea que las aspiraciones se pueden obtener mediante fuerza y violencia, empoderados solo en el deseo, omitiendo las responsabilidades correlativas, por último, que la democracia puede ser utilizada permisivamente. Desde la autoridad debe haber un mensaje claro, que no permita lecturas ambiguas, cuando es necesario denominar las cosas por su nombre o adoptar las conductas que la ley establece, para recuperar las normas de convivencia que han sido la característica de nuestra vida republicana.


 


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