La fallida estrategia del voto voluntario

Fecha Publicación: 10/9/2015

No son pocos los que consideran que fue un grave error y una decisión precipitada de la clase política la incorporación del voto voluntario (que en Chile se promulgó en el mismo cuerpo legal que la inscripción automática, en 2012. Un error que muchos de los mismos que la votaron parecen dispuestos a reconocer, a la luz de la ostensible baja en la participación ciudadana en las elecciones posteriores a su promulgación. 

Estamos condenados a vivir en sociedad. Y para vivir en sociedad es necesario estar organizados. Y esta organización implica que elijamos representantes. No es sólo un derecho, es una responsabilidad participar y escoger de entre las distintas alternativas aquellas que nos parezcan más idóneas, conforme a la persona, una ideología y un programa. De no ser así, la representatividad carecería de toda legitimidad y se pondría en riesgo el sistema de convivencia social.

Si hay otro mejor, no hay problema en sentarse a esperar que este modelo democrático sucumba. Pero ¿qué se nos ofrece como alternativa? No parece haber otra alternativa seria y sustentable. Desde esta perspectiva, el experimento al que se nos sometió en 2012, fue un desastre en cuanto a participación. Perdimos todos. Nuestras autoridades perdieron legitimidad representativa y se dio un tremendo espaldarazo a los grupos antisistémicos más radicalizados. 

La modificación introducida en Chile tratando de emular sociedades más desarrolladas y educadas, revela ingenuidad y miopía del mundo político, así como una preocupante falta de sintonía con la percepción que la población tiene de ellos. 

Bastaba con efectuar un pequeño catastro entre algunos votantes para concluir la desconfianza y falta de credibilidad que generan quienes se dedican a tal oficio, lo que implicaba que claramente los ciudadanos se abstendrían de participar en las elecciones. Indudablemente que en este aspecto existe también responsabilidad de quienes nos sentamos a criticar y no participamos en el arte de la política. Los espacios quedan abiertos para que muchas veces los menos capacitados, los que satisfacen los designios de caudillos locales o sus familias, ocupen cargos de elección popular. Esto va más allá de convencer a los ciudadanos que ejerzan su derecho y que escojan un candidato. 

¿Es el momento de modificar el sistema electoral nuevamente? Todo indica que no. Aparece como poco serio y precipitado. Habrá que esperar las próximas elecciones para determinar cuál es el comportamiento de la ciudadanía, tras un año marcado por escándalos de corrupción y por una evidente y violenta pérdida de confianza en quienes nos gobiernan y elaboran las leyes. 

Habrá que ver si estas convulsiones abren la puerta a nuevos liderazgos, movimientos políticos, nuevas ideas, nuevas personas, nuevas esperanzas que permitan a la ciudadanía reencantarse con una democracia que costó mucho recuperar, y sin caer en peligrosos populismos. 

Este sistema requiere de múltiples ajustes para oxigenar la política y abrir nuevos espacios al sentir ciudadano.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF