El costo de desestimar el valor del PIB

Fecha Publicación: 27/7/2016

La realidad tiene una característica inevitable, está allí, no importa la fuerza con que quiera ignorársela, suele, desafortunadamente, transitar por caminos y direcciones diferentes a las conveniencias para determinados proyectos, es por eso que su evaluación es crítica a la hora de elaborarlos. Aunque haya un cierto margen para cambiar la realidad, la mayoría de las veces ésta obedece a factores que no pueden ser transformados y persiste, no importa cuánto esfuerzo se emplee para hacerla desaparecer.

Un ejemplo clásico puede ser el devenir de la Reforma Educacional, desestimar parte de la realidad, pues al parecer se omitió la consideración de un parámetro fundamental, como es el PIB, ya que hasta hace pocas semanas el anuncio gubernamental indicaba que su financiación estaba asegurada mediante los cambios hechos a la Reforma Tributaria, la cual fue justificada como el prerrequisito para llevarla a buen término.

Lo que no se tuvo en adecuada consideración es que para que la Reforma Tributaria dé los frutos que de ella se esperaba, es necesario un aumento del monto de impuestos a recaudar y éstos a su vez se derivan de la actividad económica y, por ultimo, de las utilidades que se generan en el sector privado.

Para el ciudadano común no siempre está claro lo que esa ubicua sigla representa, el PIB o Producto Interno Bruto, que engloba a la producción total de servicios y bienes de una nación durante un determinado periodo de tiempo. En los últimos días, este indicador se ha transformado en el factor limitante, en la razón del aterrizaje forzoso y, al mismo tiempo, en el pilar sobre el cual de levantará el nuevo ofrecimiento de gratuidad universal, ahora sí con el resguardo de no determinar los plazos, ya que en algunos cálculos, siempre preliminares e inciertos, para que esto ocurra el PIB debe mostrar incrementos muy sustantivos.

En dirección perfectamente contraria a esa necesidad, las Encuestas sobre Expectativas Económicas del Banco Central indican un recorte en la estimación de crecimiento de la economía; 1.6% para el trimestre de este año y 2.1% para el año próximo, última cifra que puede ser incierta, toda vez que el citado organismo viene recortando sus proyecciones sistemáticamente desde hace ya bastantes meses. Estos resultados están a una enorme distancia de las necesidades de la gratuidad, consecuentemente, el Ministro de Hacienda concluye recientemente; "no podemos prometer cosas que no podemos financiar", en términos muy realistas, contrastantes con las declaraciones voluntariosas desde otros personeros de la política.

El levantamiento de promesas hechas sin el adecuado sustento de recursos disponibles ha creado expectativas en una ciudadanía que, defraudada, se siente con autorización para encender las calles y pedir que las cosas se cumplan a como dé lugar, a espaldas de la realidad, protestas impulsadas no pocas veces por vocerías políticas irresponsables, en las ya conocidas maniobras de discursos para la galería.

Enfrentados a la inflexible realidad del PIB, es de esperar que las autoridades realmente se preocupen de establecer el crecimiento económico como objetivo prioritario, ya que responsablemente es ese el indispensable requisito para cualquier mejoramiento social sostenible. Es cierto que el PIB no basta para asegurar el bienestar, pero sin él no hay manera de mantenerlo.


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