La honestidad según Sócrates

Fecha Publicación: 27/7/2016

Mala cosa es tener que recordar algunos valores básicos cuando una sociedad, que se supone los tiene fuertemente incorporados, da muestras de deterioro, que empiecen a abundar evidencias de olvido o, peor aún, de indiferencia en cuanto al respeto a esas formas de comportamiento asociados a la moral; la honestidad, por ejemplo.

Más humillante podría ser tener que volver muy atrás, porque eso le resta a los pecadores la dudosa excusa de valor reciente y por tanto frágil, sin embargo, viejas son las ideas que el hombre ha elaborado para asegurar que se puede vivir en paz con los otros, entre ellas, esa y entre ellos, Sócrates, que en este tema enfrenta a los sofistas, aquellos que, usando los resquicios de la democracia, usan sabiamente la demagogia.

Para Sócrates ese recurso es ilegítimo, entiende que la honestidad es un valor o cualidad propia de los seres humanos, relacionado con los principios de verdad y justicia y con la integridad moral. Así, esta cualidad no sólo tiene que ver con la relación de un individuo con otro u otros o con el mundo, sino que también puede decirse que un sujeto es honesto consigo mismo cuando tiene un grado de autoconciencia significativo y es coherente con lo que piensa. Lo contrario de la honestidad sería la deshonestidad, una práctica que se asocia con la corrupción, el delito y la falta de ética.

La duda no resuelta por Sócrates es si la virtud puede enseñarse y transformarse en modos de vivir. La modernidad es escéptica, piensa que sin palos o zanahorias vamos a optar por el camino torcido. No por eso habrá que dejar de predicar desde temprano, muchas veces, que algo queda, de hecho, hay muchos que todavía insisten en ser honestos, aunque no esté de moda.

 

Procopio


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