La eventual presencia de la mayoría silenciosa

Fecha Publicación: 26/7/2016

Sorpresivamente, cuando las actividades universitarias estaban en receso con motivo de las vacaciones de invierno, cerca de 20 encapuchados realizaron una manifestación en el entorno de la Plaza Perú, encendieron barricadas y cortaron el tránsito en el sector. Continuando con la ritualidad, hasta el lugar llegó personal de Fuerzas Especiales de Carabineros y se registraron enfrentamientos con los manifestantes, quienes lanzaron objetos contundentes en contra de los funcionarios; Carabineros debió hacer uso del carro lanza agua y del carro lanza gases, sorprendentemente, según información policial, durante los incidentes no se registraron personas lesionadas ni detenidas, los encapuchados escaparon hacia el interior del campus universitario, Carabineros despejó la avenida y el tránsito fue restablecido.

Lo que no se ha dejado restablecida es la confianza de los habitantes y transeúntes del sector, en cualquier otra circunstancia, en cualquier otra parte de la ciudad, que un grupo de personas se dedique a interrumpir el tránsito con barreras en la calle, a romper bienes públicos y arrojar objetos contundentes a las fuerzas del orden, más de alguien resultaría, a lo menos detenido, lo contrario sería, por decir lo menos, inadmisible. Sin embargo, el relato anterior es perfectamente auténtico, repetido y considerado poco menos que normal, al tener en cuenta el contexto.

El contexto es la lamentable diferencia; de naturaleza política, lo cual permite explicar, aunque no justificar, que cualquier cosa se transforme en relativa, un ejercicio al cual más vale prestar atención, ya que seguramente hay problemas pendientes desencadenados por la Reforma Educacional y sus casi infinitos bemoles.

Para la ciudadanía común, las manifestaciones de los encapuchados han traspasado por mucho los umbrales de lo aceptable, con el argumento de la, para ellos, promesa incumplida de la gratuidad universal e instantánea, para todos, por todo el tiempo que haga falta, sin discriminación alguna, sin considerar el hecho de existir obstáculos reales para limitar la gratuidad, sin entender que el mismo ruido generado por este petitorio, ha dejado de lado el otro aspecto inseparable de la educación que es la calidad, sin la cual la gratuidad, aunque fuera para todos e inmediata, no serviría para gran cosa, salvo para llenar el país de profesionales de idoneidad dudosa y de empleabilidad más dudosa todavía.

Se les escapa igualmente a estos jóvenes que repiten, muchas veces sin saber, frases añejas, que la gratuidad, tal y como está, ya ha sido suficiente para retardar los progresos necesarios en otras áreas de la administración pública, como los servicios de salud y sus interminables listas de espera, o el cuidado de la infancia vulnerable, o la posibilidad de mejorar pensiones a ancianos solitarios y desprotegidos.

Definitivamente, hay una mayoría silenciosa, o silenciada, en los estudiantes, los que entienden que la Reforma Educacional tiene sus tiempos y sus dificultades y que su tarea es colaborar con su progreso, que respetar las reglas de la democracia es valedero, no solo en las elecciones sino en el actuar de cada día, es ese colectivo el que tiene que salir de su espacio de seguridad y expresar su opinión, toda esa mayoría de jóvenes chilenos que pueden transformar la sociedad sin violencia, con las herramientas que la misma democracia establece. 


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