Eureka

Fecha Publicación: 26/7/2016

Puede ser que las cosas fueran un poco más fáciles antes, cuando casi todo estaba por descubrir, en hidráulica, por ejemplo, con la soberbia contribución de Arquímedes, cuyo principio establece que un cuerpo no puede ocupar simultáneamente el lugar del otro sin desplazarlo, lo cual no parece demasiado asombroso ahora, con tanto avance de la ciencia. 

La puesta en marcha de ese concepto lo hizo rico y famoso; el tirano de Siracusa, Herón, allá por el siglo III aC., encargó a un artesano que le hiciera una corona para cuyo fin le entregó un lingote de oro. El orfebre, Filemón, concluyó su trabajo, pero el tirano sospechó que el artífice había sustituido parte del oro por otro metal de inferior calidad, en consecuencia le pidió a Arquímedes investigar si le estaban pasando gato por liebre, por supuesto sin destruir la corona que había quedado preciosa.

Es conocido el cuento de la tina de baño y este sabio que observa el desplazamiento del agua cuando se mete en ella y su epifanía: ¡eureka! Y salir corriendo desnudo, al encontrar una relación entre peso y volumen de agua desplazada; bastaba con sumergir una masa de oro puro idéntica a la de la corona y marcar el nivel alcanzado por el agua, sacar el oro y repetir la operación con la corona. El nivel alcanzado con el oro fue menor que con la corona, lo cual probaba que el material de la corona no era oro puro, ya que un mismo peso desplazaba una cantidad de agua diferente.

El principio sigue siendo útil ante la abundancia de Filemones, lamentablemente no se puede meter a la tina algunos proyectos de ley, o incluso los candidatos a cargos públicos para saber con certeza de qué están hechos.
 


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