Del origen del mundo y presencias incómodas

Fecha Publicación: 20/7/2016

Pocas obras mayores han pasado tanto tiempo a la sombra como "El orígen del mundo" (1866), del pintor francés Gustave Courbet. Para quienes no estén familiarizados por su nombre y aún no la hayan googleado, esta obra puede resumirse como un transgresor primer plano al sexo de una mujer, presumiblemente en el lecho amoroso. A través de esta pintura, Courbet no tuvo pelos en la lengua para provocar al establishment cultural de la época y enrostrar la hipocrecía artística del segundo imperio, que se manifestaba en desnudos idealizados a la usanza clásica. Aquí Courbet se centró en el acéfalo retrato de una mujer saludable y frondosa, con una propuesta tan realista que, aún a finales del siglo XX, seguía siendo considerado como un cuadro chocante e incómodo. Recién en 1995, varios años después de la muerte de su último propietario, Jacques Lacan, el Museo d’Orsay se atrevió a exhibirla, aunque con resguardos, para evitar algún atentado moralista.

En febrero de 2011, el artista danés Frode Steinicke fue censurado por Facebook por publicar en su perfil una foto del cuadro. En octubre de ese año se presentó en tribunales de París una denuncia contra Facebook por atentar contra la libertad de expresión. 

La semana pasada en Concepción, la revista Nos también tuvo un problema similar con la red social, por el "desnudo" de la mujer de "Presencia de América Latina", el mural de la Pinacoteca UdeC, obra de González Camarena y otros artistas. 

Al margen de filtros imprecisos y políticas anacrónicas, estos incidentes tienen un lado positivo: el de recordarnos la función provocadora del arte. Mal que mal, al final del día estos absurdos incidentes mediáticos solo ayudan a darle más difusión y alcance a obras de incuestionable jerarquía. 



PIGMALIÓN 


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