Cruces peatonales dignos de Borges

Fecha Publicación: 10/9/2015

En su célebre cuento "El Inmortal" (1949), el escritor argentino Jorge Luis Borges describe una ciudad construida y abandonada por los dioses: una urbe donde impera una arquitectura tan caótica y delirante, que el protagonista sólo puede experimentar sentimientos de angustia, hastío y "más horror intelectual que miedo sensible".

La descripción de Borges en boca del romano Marcos Flaminio Rufo es elocuente: "Este palacio es fábrica de los dioses, pensé primeramente. Exploré los inhabitados recintos y corregí: Los dioses que lo edificaron han muerto. Noté sus peculiaridades y dije: Los dioses que lo edificaron estaban locos".

Este relato de ficción puede encontrar correlato en no pocos cruces y esquinas del Gran Concepción, donde el simple acto de cruzar una calle puede transformarse en una experiencia extrema. En efecto, son bastante recurrentes los cruces donde peatones deben compartir una luz verde con vehículos que doblan, sin que exista garantía de llegar íntegro al otro lado, al sostenerse su seguridad en la voluntad (o nivel de concentración) del conductor.

Es el caso del cruce de San Martín para atravesar la doble vía de Paicaví, o más peligroso aún, el paso peatonal para atravesar la Ruta 160 entre el Líder de San Pedro de Valle y la estación de Biotrén Diagonal Bío Bío, en que los vehículos que doblan desde Candelaria pueden acelerar 50 metros antes de detenerse para ceder el paso a los peatones con los que "comparten" el verde.

No es justo que familias completas arriesguen sus vidas por una desprolijidad de tránsito, o por ahorrar en lugar de adquirir un semáforo de tres tiempos. No se necesitan inmortales para remediar esta locura, sino uno o dos ingenieros, y un poco de buena voluntad de la autoridad competente.


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