Cada cual a su propio ritmo

Fecha Publicación: 20/7/2016

Las vacaciones de invierno sorprenden a los niños en diferentes estados de avance, algunos muy satisfechos y otros parecen estar en deuda. Cosa natural en la mayoría de los casos, como sucedió con Einstein, a propósito de ritmos diferentes, sus capacidades empezaron a exhibirse cuando su padre le regaló una brújula en una enfermedad cuando tenía algo así como cinco años. Quedó atónito ante constante dirección de punta imantada y empezó a ser una peste para el tío Jacob, que había estudiado ingeniería, acosándolo a preguntas.

A los 67, Einstein relata que eso le dio una perdurable impresión de algo muy oculto detrás de las cosas. En sus propias palabras, más tarde, cuando sacó el habla, no mucha, pero lo suficiente: "un furioso impulso por entender".

Sin embargo, a su edad estaba lejos de lo que se esperaba de un niño normal y del concepto de diversidad en las capacidades de aprendizaje en la infancia. No estaba claro que cada niño tiene sus prioridades, puntos fuertes y débiles, que tiene todo el derecho a ser diferente, que provisto que todos los otros aspectos estén bien, hay aprendices lentos y otros rápidos.

Se requiere, eso sí, de mucho criterio para discriminar entre los normales lentos y los lentos por otras razones. Estas últimas no del todo misteriosas, muchas de ellas tienen remedio, las menos, desafortunadamente no, un diagnóstico que no debe dejarse para después. En ambos casos, sin embargo, hay tarea por hacer para que las cosas resulten lo mejor posible, no se puede desperdiciar cerebros útiles, un lujo que ninguna sociedad puede permitirse, menos ahora, cuando hay que estar más despiertos que nunca.


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