Las otras competencias transversales que tanta falta le hacen a Chile

Fecha Publicación: 19/7/2016

Es posible que determinadas características del mundo laboral no se transparenten por razones de conveniencia, en otra vuelta de tuerca del concepto de corrección política, una creativa redenominación de la hipocresía, evitar llamar las cosa por su nombre, o mejor aún, no mencionarlas, para evitar herir susceptibilidades.

Hay muchas de estas verdades que permanecen en estado subyacente, como la falsa laboriosidad, la práctica engañosa de dar la impresión de trabajo intenso, sin que en realidad la tarea se cumpla con ese grado de dedicación, o la malversación de tiempo laboral, horas que son remuneradas pero no cumplidas, escamoteadas con diversos procedimientos propios de la mal llamada picardía nacional, la insuficiente vocación por hacer las cosas bien, al primer intento.

La ausencia de esas prácticas y su remplazo por otras formas de comportamiento positivo ,se encuentra descrita en el amplio catálogo de competencias transversales, que por lo general se encuentran asociadas a la educación cuando esta tiene las condiciones de integridad que debiera tener y se hace cargo tanto del conocimiento como de la formación de valores, en un más amplio escenario de calidad de la educación, que no solo provee conocimientos para las profesiones, sino que forma personas para la sociedad.

Se ha repetido que en la masa laboral chilena hay un insuficiente desarrollo de competencias, que esas falencias afectan negativamente la realización personal de los trabajadores y las posibilidades de desarrollo del país. Las cifras están allí, como un panorama desalentador; la mitad de la población adulta en estado de analfabetismo funcional, más de un ochenta por ciento incapacitada para comparar, integrar, inferir o calcular a partir de la información que lee.

Es hasta cierto punto afortunado que las organizaciones internacionales que estudian y analizan las características del trabajador chileno se hayan limitado, por lo menos en lo concerniente a publicaciones, a medir estas competencias asociadas directamente a las demandas de empleabilidad actual y aquellas que será necesario tener para el futuro mediato.

Cuando se proyecta una nueva actividad o emprendimiento, las falencias en las competencias del capital humano se hacen prontamente evidentes cuando no se logra dar a entender instrucciones sencillas o explicar procedimientos mediante cuadros o gráficos, aunque sean de sumo explícitos, con resultado de errores en los resultados.

Lo que se ha omitido, o decidido dejar en silencio, es el producto faltante en una forma de educación inapropiada o indiferente; los valores, tales como la rectitud, la sinceridad, la honestidad, particularmente esta última, que muy visible en los grandes transgresores, es rutinariamente desestimada en la actividad cotidiana, a pequeña escala, la escala hormiga.

Existe un cálculo de obviedad manifiesta; los pequeños números multiplicados por grandes números resultan en grandes números, una suerte de juegos de palabras que resulta en pérdidas cuantiosas de recursos, a todo nivel de las actividades nacionales. En las pequeñas empresas y en las grandes, se sustraen bienes, se pierde el tiempo, se resta entrega, con la consabida falta de productividad, en contraste con la aparente alta carga laboral.

No es una realidad estéticamente presentable, ni absoluta, pero está allí, fuertemente presente.


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