¿Y dónde quedó el país solidario?

Fecha Publicación: 14/7/2016

¿Cuántas veces hemos escuchado que Chile es un país solidario? Tantas que tal vez ya hemos terminado por creerlo. Los fríos números, sin embargo, parecen decir lo contrario. Ya en 2011, solo un año después del terremoto, el Estudio Nacional de Voluntariado de Fundación Trascender y Collect Investigaciones de Mercado, mostraba una preocupante tendencia entre 2009 y 2011: el aporte de privados a fundaciones de beneficencia había disminuido en más de un 50%. Si en 2009 el promedio de donaciones era de $5.463 por persona, en el quinquenio siguiente el promedio apenas se empinaba por los $2.500. Esta crisis llevó a que instituciones tan emblemáticas como el Hogar de Cristo o la Fundación las Rosas, se vieran obligadas a reducir programas, disminuir su cobertura e incluso cerrar sedes. 

Entre las causas profundas que se enumeran para explicar esta baja, se mencionan el individualismo imperante, la competitividad, la desconfianza, el consumismo y la pérdida de valores, en especial referidos a la responsabilidad como miembros de una comunidad.

El Estudio Nacional de Voluntariado devela que los grupos socioeconómicos altos han sido los más permeables a esta tendencia: así, el segmento ABC1 dona hasta un 8% menos que el segmento C3, en un fenómeno asociado al deseo de negar o invisibilizar la pobreza y el sufrimiento de otros, delegando esa responsabilidad al Estado y las organizaciones sociales. 

En estos días, cuando las calles se llenan de jóvenes luchando por causas propias, no vendría mal una reflexión basada en lo que le falta a los que tienen menos, y qué podemos hacer como sociedad para ayudarlos, más allá de la dudosa tranquilidad de conciencia de un vuelto en un supermercado.


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