Elemento aspiracional como factor clave en la elección de una carrera

Fecha Publicación: 9/9/2015

Desde 1990 se ha producido en Chile un notable crecimiento de la cantidad de alumnos matriculados en la enseñanza superior, provenientes de todas las condiciones sociales, lo cual no necesariamente se traduce en un acceso más equitativo a la universidad.

En efecto, de acuerdo a cifras de Ocde (2013), en nuestro país siete de cada diez alumnos matriculados en la educación superior constituyen la primera generación de sus familias que accede a la universidad. 

Una investigación desarrollada por el académico Álvaro González Sanzana, candidato a doctor de la Universidad de Lovaina, Bélgica, dada a conocer en la revista Calidad en la Educación (del Consejo Nacional de Educación), arroja interesantes resultados respecto a una importante situación de desigualdad social que en cierta medida se transmite de la educación primaria y secundaria a la superior, pero al mismo tiempo una significativa llegada de nuevas categorías de estudiantes a la universidad que vienen a temperar estas desigualdades.

Consigna el estudio que este proceso de democratización segregativa implica una masificación desigual de la enseñanza superior, que tolera en su interior segmentos de formación claramente distintos y jerarquizados, ya sea en función de los resultados de los estudiantes en la prueba de selección universitaria (PSU), o del origen socioeconómico de estos.

Este proceso de masificación del acceso a la universidad, que permite la continuación de estudios a un número de individuos cada vez más creciente, se realiza al costo de una jerarquización de las diferentes universidades y de los diplomas entregados por estas. 

"La importancia que se le otorga a los diplomas en Chile es enorme y el hecho de que estos generen grandes desigualdades de ingresos y ahonden aún más las brechas sociales, le da un mayor peso a las desigualdades de información y orientación durante la enseñanza secundaria y a la elección de carrera y de universidad por parte de los jóvenes", concluye González. 

Al respecto, precisa que la masificación de la enseñanza superior y el proceso paralelo de banalización de los diplomas refuerza la importancia de la elección de una buena universidad y del tipo de diploma al que el individuo tendrá acceso.

En Chile, la universidad todavía es vista como un ascensor social, un mecanismo de movilidad para las clases medias y populares. Cita al autor al japonés Fukushi (2010), quien consigna que "la educación superior tiene y ha tenido un carácter aspiracional para la familia chilena". Es lo que explica que cada vez más jóvenes ingresen a la universidad y estén dispuestos a pagar los costos, muchas veces endeudándose por largos años, de las carreras universitarias. 

La apertura del sistema educativo le otorga hoy más peso a las desigualdades de elección de estudios superiores y es la razón por la que el investigador se interesó en el acceso a la universidad desde la puerta de entrada de las aspiraciones de los jóvenes de último año de enseñanza secundaria. Diversos estudios subrayan la importancia de las aspiraciones como indicadores de logro académico, pero también para comprender los proyectos educativos de los individuos.

En medio de discusiones más bien epidérmicas, administrativas y formales en relación a la educación superior en Chile, investigaciones como ésta entregan importantes consideraciones de fondo a un debate que en algún momento debería comenzar a profundizar en el ámbito de la calidad, que, en definitiva, es el primer paso para disminuir las brechas culturales y sociales tan características de esta larga y angosta faja de tierra.


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