Sobre gustos hay demasiado escrito

Fecha Publicación: 1/7/2016

No solo de asados post campeonato vive el hombre. Hay otros sabores, infinitos, por explorar. Muy por el contrario a la declaración de que sobre gustos no hay nada escrito, pasa lo contrario: hay mucho, casi demasiado, solo que nada definitivo.

Parte de esta diversidad es culpa de los dispositivos sensores, los encargados de anunciar de qué se trata; las papilas gustativas, con varios nombres, según el prócer que las haya descrito por primera vez. Hay de ellas algo así como 10.000, divididas en territorios, según la especialidad, por diversos sitios de la boca, ya que hay algunas en la faringe, las amígdalas y el paladar, atribuyéndose a éste último una relevancia injustificada, como se deduce de la expresión, tener el paladar delicado, por ejemplo.

Efectivamente, la lengua se lleva la pars leonis, es ella y todos sus corpúsculos comunicados con el cerebro los que nos tendrán, a unos más golosos que otros, informados de las casi infinitas posibilidades del sabor de las cosas en este planeta.

La distinción entre cosas dulces y amargas es muy importante, antepasados nuestros, viviendo en condiciones precarias tuvieron que aprender a escoger muy bien lo que comían. Han quedado grabadas, en sectores remotos de la mente, esas diferencias vitales entre los sabores. En el lenguaje, en todos los idiomas, las cosas buenas, la felicidad, la paz, la calma, la satisfacción, los seres queridos, las buenas experiencias, son dulces. La pena, la traición, el desengaño, un enemigo, el dolor, son amargos. Dulces momentos y tiempos de amargura son consustanciales a seguir viviendo. Con suerte, tendremos más de los primeros que de los últimos.

 

PROCOPIO


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