Mortal pintura de guerra

Fecha Publicación: 30/6/2016

Se comenta que hay demasiada cosmética en el ambiente, que la sociedad contemporánea está poniendo demasiado énfasis en las apariencias y que existe una discutible tendencia a no querer envejecer, lo que no está demasiado mal, pero además a rejuvenecer, lo que resulta entre dudoso y patético.

Pero la historia de la presunción del ser humano es más vieja que el tiempo mismo; en uno de esos capítulos notables relativos a esas maniobras se puede analizar el comportamiento de los egipcios, no los de ahora, que siguen por esos lados, sino los de mucho antes, en esos mismos sitios. 

Esos egipcios utilizaron cosméticos para bloquear la radiación solar y descubrieron rápidamente, por las consecuencias, que los preparados aumentaban su atractivo, no ha de ser lo mismo una egipcia enrojecida y anodina que otra brillante, con ojos acentuados y boca de lindos colores. Efectivamente, las damas preferían el verde malaquita y antimonio negro como sombra de ojos, con un amplio abanico cromático de mezclas metálicas y botánicas.

El encuentro entre una reina de alto voltaje, como el de Cleopatra con un general endiosado de la hegemónica república romana, no podía pasar inadvertido, cuando ella, siempre atenta al detalle, salió al encuentro de Marco Antonio en su barca dorada y perfumada a fondo, exhibía con certeza un maquillaje irresistible. 

Nada excesivo; se había pintado azul el párpado superior y verde el inferior, enfatizando los contornos de los ojos con líneas negras, al igual que en las cejas, se había blanqueado la cara, el cuello y el pecho, con pequeñas líneas azules para dar la impresión de piel pálida que transparentaba las venas, y los labios estaban enfatizados con rojo carmín.

Si uno lo piensa un poco, el pobre Marco estaba perdido.


  Imprimir noticia   Descargar versión PDF