Aviso en el espejo retrovisor

Fecha Publicación: 24/6/2016

Los cada vez más abundantes ejemplares de la tercera y naciente cuarta edad, deberán recordar las antiguas micros, que contra lo que podría pensarse eran más grandes que los microbuses, más bien macros, conducidas por choferes tan gentiles como los actuales, aunque en general huraños y de mirada más bien torva, sobre todo para estudiantes. Del espejo retrovisor colgaban recuerdos de pasajeros distraídos, por lo general un zapatito de lana de bebé, algún santo, una insignia de club deportivo y máximas de buenas costumbres, como solicitar correrse por el pasillo, para dar lugar a pasajeros ingresando, o la severa admonición; "respete y será respetado".

Esto último no tiene nada de malo, por muy poco de moda que esté, contra la opinión popular imperante, respeto es un sentimiento positivo que se refiere a tener aprecio y reconocimiento por una persona o cosa. Es otra palabra de antigua data, de la lengua madre; respectus, que se traduce como atención, literalmente "mirar de nuevo", de allí que algo que merezca una segunda mirada sea algo digno de respeto.

El asunto es que como valor moral es uno que está asociado indesmentiblemente al logro de una armoniosa interacción social, parte del arte de vivir en comunidad. Una de las premisas más importantes sobre el respeto es que para ser respetado es necesario saber o aprender a respetar, a comprender al otro, a valorar sus intereses y necesidades. En este sentido, el respeto debe ser mutuo, y nacer de un sentimiento de reciprocidad.

Parece que no hay programas automáticos para ponerlo en marcha, es necesario su cultivo, su aprendizaje, hace falta volver a poner el letrero de las antiguas micros.


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