La Reforma Laboral, ni moros ni cristianos

Fecha Publicación: 22/6/2016

No todos los círculos se cierran, en la analogía de asuntos que por largo tiempo tienen su conclusión pendiente, algunos se cierran de modo defectuoso cuando plazos relativos, no siempre comprensibles, los hacen obligatorios o muy recomendables. Así ocurre con este cierre, el de la polémica Reforma Laboral.

El cierre toma la forma de un comunicado leído por el vocero de Gobierno, Marcelo Díaz, quien informa que la Presidenta Michelle Bachelet ingresará un veto presidencial, luego que la Reforma Laboral fuera objetada por el Tribunal Constitucional en lo relativo a la titularidad sindical, aspecto crucial de la propuesta gubernamental. Escuetamente, "la Presidenta de la República ha instruido a los ministros a tramitar a la brevedad el referido veto, procediendo a la promulgación de la Reforma Laboral una vez que éste sea despachado".

El vocero estaba acompañado de dos actores decisivos en esta materia, la ministra del Trabajo y el ministro de Hacienda, posiblemente debido a la renuncia del Ejecutivo a implementar una reforma constitucional, que en realidad nunca fue factible. Sin embargo, hubo frases conclusivas; se descarta la posibilidad de una ley corta, de tal modo que no se repondrá la titularidad sindical y se aclara que "el Ejecutivo no impulsará nuevas iniciativas legales referentes al proyecto de relaciones laborales, focalizando sus esfuerzos en una adecuada y oportuna implementación".

Es evidente que se trata de un compromiso, con el fin de terminar con el estira y encoje entre el gobierno y los sindicatos. El titular de Hacienda, abunda sobre otros aspectos de este veto, como la eliminación los pactos de adaptabilidad contenidos en el proyecto de ley. En conclusión, la vocería declara reconocer que la reforma no será todo lo que se esperaba, pero que igual "sigue siendo el mayor avance para las relaciones laborales desde la recuperación de la democracia".

Las partes involucradas no tardaron en hacer sus alcances, la Sociedad de Fomento Fabril considera errónea la decisión de eliminar los pactos de adaptabilidad que "eran una de las pocas iniciativas positivas del proyecto", mientras que la Sociedad Nacional de Agricultura lamenta el veto de secciones del proyecto que a su parecer daban sentido de "modernización y adaptabilidad a las relaciones laborales en beneficio de los trabajadores y del desarrollo del país". 

En la otra vereda, se declaran satisfechos tanto la CUT como la presidencia del Partido Socialista, aunque a poco andar la dirigenta de la primera organización calificara el veto como "moderado y temeroso", al mismo tiempo que al dar por cerrado esta etapa advierte de nuevos diálogos. 

Es evidente que todo está lejos de terminarse, desde el interior del Gobierno se advierten varias consecuencias negativas potenciales, recomendando prudencia. Así, llama profundamente a la atención la observación de la ministra del Trabajo, Ximena Rincón, que al eliminarse la titularidad sindical "probablemente va a haber mucha judicialización de lo que se pueda o no se pueda hacer". Extraño argumento que contradice la intención del veto, que se supone arregla las cosas y no abre un nuevo frente, involucrando al poder judicial que, hasta la fecha, no tenía ni arte ni parte.


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