Los tiempos cambian, pero algo queda

Fecha Publicación: 21/6/2016

Basta con darse un renuente paseo por los espacios que dejan los vendedores ambulantes en el corazón de la ciudad, para darse cuenta que los términos cortesía, buenos modales, buena educación, o urbanidad, están tan en desuso que incluso si se usaran parecen extemporáneos a tal punto, que hasta la Real Academia Española podría considerar su eliminación del diccionario. 

Recordemos; los buenos modales se refieren a esas extrañas muestras de cortesía que se manifiestan en una sociedad determinada. Se supone que todas ellas tienen un fuerte componente cultural, es decir, dependen de circunstancias históricas, cada sociedad las tiene, solo que pueden expresarse de modo muy diferente; existen en sociedades alejadas culturalmente distintas formas para saludarse, para despedirse, para expresarse gratitud, para pedir algo.

La mayoría de estos modos son adquiridos desde la infancia y responden con mucha fidelidad a la manera como todos actúan en el seno del hogar, otros pocos, con suerte, son obtenidos en el colegio, posibilidad cada vez más débil, ya que la manera de aprender suele ser por imitación y los modelos que predominan no son los más promisorios, de profesores que ya están hastiados de intentarlo y de muchos de los compañeros expertos en el arte de la ordinariez y el lenguaje abreviado y escatológico, en una jerga mutante que se exige como una marca de identidad.

Cuando la vida obliga a la corrección, los sobrevivientes de los buenos modos, humillados y molestados por los artistas de la vulgaridad, encuentran por fin su sitio, los otros, en tardíos e imperfectos intentos, muestran la hilacha, prueba evidente que lo que natura non da Salamanca non presta.



PROCOPIO


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