Niños de una época extraña

Fecha Publicación: 16/6/2016

Proyectémonos a tiempos ya bastante remotos, a un mundo totalmente distinto al que conocemos, a otros siglos, mejor aún, otros milenios. En ese contexto de la línea temporal, pensemos en un siglo al azar... por ejemplo, el XX. Un periodo particular, que curiosamente duró exactos diez años, conocido como la "década de los 80’s".

Difícilmente un joven nacido en la década de los 90’s o en los 2000’s, podría imaginar hasta qué punto en Chile se trató de una época diferente, bizarra, contenida. Los niños de esa época podían entender, a su manera, que se vivían días convulsos. Si vivían en el centro, era normal esperar de cúbito dorsal en el suelo de la casa, hasta que terminaran de sonar las sirenas en toques de queda, eventuales protestas, 11’s de septiembre o ruidos de balas al viento. En los suburbios, no eran infrecuentes los cacerolazos cuando caía la noche, con mamás preocupadas de que los niños pudieran dormir rápido, ojalá a ras de suelo. Tampoco eran raros los avisos de bomba en los colegios, seguidos de evacuaciones, muy celebradas por los estudiantes en tiempos de pruebas globales. 

Eso era parte de la vida de cualquier niño de cualquier casa, en cualquier comuna del país. En un mundo poblado de álbumes y láminas, de pichangas con los amigos, de paseos en bicicleta parafraseando a Área 12 o Patrulla Motorizada. Un mundo en que, pese a los esfuerzos protectores de sus padres, los niños podían percibir los grandes conflictos que vivía el país, un temor difícil de explicar, en el que la justicia no parecía ofrecer demasiado escudo.

A muchos de esos niños de entonces, que años más tarde descubrieron qué era volver a la democracia y cuánto había costado, no les ha resultado fácil transmitirle a las nuevas generaciones la experiencia que significó salir de un mundo, para entrar a otro. Un mundo que, con vicios y debilidades, aprendieron a valorar, con una democracia que, bien saben, se debe cuidar.


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