El Índice de Percepción de la Economía y su nexo con la ciudadanía

Fecha Publicación: 14/6/2016

Para el ciudadano corriente, el que se esfuerza cotidiana-mente por hacer bien su trabajo y que labra para su familia un mejor pasar, la situación del país es de insatisfactorio crecimiento, más el bombardeo siste-mático de noticias preocupantes.

 

Lo hace todo chileno dueño de casa, a lo menos mensualmente, una evaluación de su estado financiero: si ha logrado o no llegar al fin del mes sin deudas, en la medida de lo posible, con un pequeño ahorro, o con menos deudas que antes. En términos más técnicos, su percepción de las finanzas hogareñas, si le alcanza el sueldo para sus gastos, o está en problemas, que a nivel país es descrito como Índice de Percepción de la Economía (Ipec). 

El último informe sobre este indicador muestra un récord negativo; así, en el mes recién pasado, las cifras del Ipec se deterioraron por tercer mes consecutivo, llegando hasta los 33,9 puntos, con lo que la confianza de los consumidores cumple dos años en terreno negativo, es decir, ubicándose por debajo de las 50 unidades. En términos descriptivos, 50 puntos indican que no hay ni pesimismo ni optimismo, un estado expectante, bajo esa línea se empieza a detectar aumento del pesimismo, el puntaje de esta última medición es el peor resultado, el más pesimista, desde la crisis financiera mundial de 2008-2009.

Para los analistas, este efecto negativo no se debe solo a las expectativas económicas, sino más bien a otro tipo de conflictos que han pesado a la hora de estimar el devenir de la economía. Uno puede ser la nueva puesta en escena de la Reforma Tributaria, que no ha cesado de generar ruidos, de inmediato efecto sobre el clima financiero, el comportamiento oscilante del Gobierno que en su momento decidió vetar y enviar una ley corta para enfrentar el fallo adverso del Tribunal Constitucional respecto a esta reforma laboral, para posteriormente suspender la tramitación de dicho veto, la violencia en las calles, la insolente delincuencia impune.

Es muy posible que por parecidas razones haya impactado la movilización de los pescadores artesanales en Chiloé, situación que se prolongó cerca de dos semanas. Por una parte, la situación laboral misma, la marea roja y sus posibles causas, pero principalmente por la lenta e inadecuada respuesta estatal, un bono arbitrario que delató una precaria evaluación de las situación que se desarrollaba en esa parte del territorio nacional, que al final demandó una mediación ministerial.

Para el ciudadano corriente, el que se esfuerza cotidianamente por hacer bien su trabajo y que labra para su familia un mejor pasar, la situación del país es de insatisfactorio crecimiento, más el bombardeo sistemático de noticias preocupantes, mientras sus representantes parlamentarios parecen estar inmersos en su propio universo de enclaves de poder, en pleno y misterioso ejercicio de sus estrategias electorales.

El último mensaje presidencial, con llamadas a la productividad, tuvo que esperar casi una hora para provocar un primer aplauso, es este caso, la creación del nuevo Ministerio de Ciencia y Tecnología la ciencia, un indicador de optimismo en la capacidad del recurso humano nacional para encontrar nuevas rutas al desarrollo. 

Mientras tanto, urge retomar contacto efectivo entre el mundo público y privado, acordar la ruta de las reformas, detener el flujo de nuevas e inesperadas vueltas de tuerca, para dar un piso de confianza indispensable para retomar la marcha. Sin eso, nos espera una larga y amarga travesía.


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