Los otros que habitan el planeta

Fecha Publicación: 14/6/2016

En 1977, la Liga Internacional de los Derechos del Animal y las Ligas Nacionales afiliadas se reunieron en Londres, para la Declaración Universal de los Derechos del Animal. A casi cuarenta años de distancia, la violencia, la explotación y el exterminio de los animales siguen ocurriendo.

La declaración surge para crear conciencia entre la sociedad y las naciones, sobre la importancia del cuidado de los animales. Es un tema de respeto hacia la naturaleza y de su equilibrio, del cual somos parte. En cambio, el hombre, con la característica soberbia de quien ignora, se ha dedicado a cometer crímenes en contra de la naturaleza y de las criaturas, a beneficio personal.

A la hora de asignar derechos, para personas que no tengan de buenas a primeras estas sensibilidades, la pregunta no es si los animales pueden pensar, o si pueden hablar, sino si pueden sufrir. Para los proponentes, la capacidad que tiene un ser de sufrir es la característica vital que le da a ese ser el derecho a consideraciones de igualdad. No la capacidad de hablar o entender matemáticas, que a veces ni los humanos tienen, sino la de sentir dolor, placer, miedo, frustración y soledad.

Habrá que empezar por alguna parte, como las reservas naturales y la protección de animales en peligro de extinción. Pero en el ámbito más cercano; como los animales que nos rodean, caballos de tiro, tratados con indiferente crueldad hasta el agotamiento, sobrecargados y malnutridos, castigados y heridos, bueyes famélicos, pequeños para sus cargas, mascotas abandonadas.

La compasión no es la herramienta, sino las leyes, esas que existen y se olvidan, o se opta por ignorar, no otras, bastan aquellas, faltan los hombres de bien que las hagan valer.
 


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