La verdad no es monopolio de nadie

Fecha Publicación: 10/6/2016

A menos que sobrevivan energúmenos que se autodefinen como portadores infalibles de la razón, a la verdad no la tiene nadie tomada de la cola. Cuando el asunto se pone peliagudo, es cuando alguien antepone a la palabra el artículo "la", entonces "la verdad" se transforma en arma, no siempre para el mejor ejercicio de las buenas prácticas.

Esa verdad, con el la delante es una espada empuñada por numerosos grupos, o colectivos, grandes y pequeños. La verdad única, monopólica, es enemiga de la pluralidad, de la tolerancia, de la duda, conceptos de inseguridad que han obligado al hombre progresar paso a paso, ante la siempre abierta posibilidad de estar equivocado. 

En el proceso puede generarse una idea que parece indestructible, por el momento. Aun así no faltan quienes se la apropian, fanatizados, que si logran reunir un grupo de otros fundamentalistas, pueden concluir que es necesario imponerla a los demás, a la buena o a lo que es palo. 

El material indefinible con el cual se construye la realidad permite mirarla desde infinitos puntos de vista, la verdad es más extraña que la ficción, escribe Shakespeare, para Séneca el lenguaje de la verdad es siempre sencillo. Un proverbio árabe señala que es preferible una verdad que daña, a la mentira que alegra. 

Son frases que indican la necesidad de estar en lo cierto. Se ofrece algunos datos para el diagnóstico diferencial, la verdad espera, la mentira siempre tiene prisa. La astucia requiere de vestidos, la verdad prefiere andar desnuda. Con esos aportes, se termina por entender que la búsqueda de la verdad, aunque sea de ella una porción minúscula, requiere de paciencia, de humildad, de calma, de ausencia de soberbia.


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