Obesidad y comida chatarra: a grandes males, pequeñas curas

Fecha Publicación: 9/6/2016

Si es que existe un estímulo poderoso para desatar iniciativas en beneficio de las comunidades por parte de los parlamentarios, ha de ser, posiblemente, la vecindad con actos electorales, ya que si bien es cierto los legisladores pueden no estar directamente involucrados, si lo están las colectividades a las cuales pertenecen y de cuya robustez depende su ascendiente y fuerza.

En ese orden de circunstancias se podría inscribir la propuesta de un senador de la República, junto a los alcaldes de Lo Prado, Melipilla y Quilicura, para aprobar una ordenanza que prohiba la venta de comida chatarra en un perímetro de 100 metros de la salida de los colegios, una medida que se describe como en sintonía con la Ley 20.606, que obliga a rotular con un disco pare negro los alimentos envasados altos en azúcar, sal, calorías o grasas y que prohibe la publicidad en televisión en horario infantil y su venta al interior de los colegios. 

La medida será eventualmente objeto de ley, que haga responsable a los municipios de su implementación. Se suma a otras de parecida naturaleza, para disminuir los amenazantes índices de obesidad de los niños chilenos, quienes actualmente se encuentran en el 6° lugar mundial en obesidad infantil y en el primer puesto en América Latina, según un estudio recientemente publicado en la revista del Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos (Inta), en el que advierte que en Chile el 70% de los niños va a ser obeso en el corto plazo. 

Iniciativas con igual propósito se han llevado a cabo en diversas circunstancias, como hacer obligatorias dos horas de gimnasia a lo menos tres veces a la semana, o solicitar a los niños usar ropa deportiva en vez de los uniformes tradicionales, para hacer trote u otra forma de actividad física antes de las clases o en determinas oportunidades durante la jornada escolar.

Lo que arroja saldos desfavorables, en todo ese tipo de iniciativas, es que no hay evidencias nacionales de efecto probado, de efectiva disminución de peso de niños que han seguido tales protocolos, los resultados suelen ser antecedentes de tipo anecdótico, que por eso mismo, a poco andar, son discontinuados y desaparecen sin pena ni gloria hasta el nuevo intento. En este caso, en particular, muy poco puede esperarse con el solo expediente de alejar la tentación cien metros, si en los hogares no hay, o la conciencia, o la posibilidad, de cambiar a dietas saludables o si en los bolsones llevan los niños alimentación inadecuada. 

La comercialización de alimentos poco saludables y bebidas no alcohólicas ha sido identificada como un factor importante en el aumento del número de niños con sobrepeso y obesidad, particularmente, en el mundo en desarrollo y es la principal razón de la promulgación de la ley que obliga a declarar tal condición en los envases y limitar su publicidad. 

Se tiende a olvidar que el cambio a dieta saludable involucra tiempo y dinero. Consumir más alimentos precocinados o elaborados, fáciles de preparar aunque muchos de ellos sean de peor calidad nutritiva, más el alza de los precios de productos básicos (frutas, hortalizas, verduras y pescados) y el hecho de que muchos de los alimentos precocinados son más económicos que sus equivalentes frescos. Antecedentes que tienen que tenerse en cuenta antes de elaborar proyectos optimistas, la complejidad de un fenómeno, que de no ser así, ya habría sido resuelto. 


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