La batalla de Virginia

Fecha Publicación: 9/6/2016

Virginia Woolf, una de las más grandes figuras de la literatura contemporánea, se educó en su casa y no fue a la universidad. Ya en 1928 exhortaba a las mujeres a darse cuenta de cuánto se había avanzado en sus derechos. "Permítanme recordarles que desde 1866 han funcionado en Inglaterra como mínimo dos colegios universitarios de mujeres; que a partir del año 1880 la ley ha autorizado a las mujeres casadas a ser dueñas de sus propios bienes y que en el año 1919 se le concedió el voto a la mujer. Les recordaré también que pronto hará diez años que la mayoría de las profesiones nos están permitidas. Si reflexionan sobre estos inmensos privilegios y el tiempo que hace que vienen disfrutando de ellos, y sobre el hecho de que deben de haber actualmente unas dos mil mujeres capaces de ganar quinientas libras al año (430 mil pesos) admitirán que la excusa de que les han faltado oportunidades, preparación, estímulo, tiempo y dinero… no sirve".

Ya van 88 años de ese discurso, y algunos elementos de ese exhorto parecen vigentes. Chile sigue siendo uno de los más retrasados en igualdad de género en América Latina. En el Parlamento, de 38 senadores, seis son mujeres; y de 120 diputados, sólo 19 lo son, lo que se traduce en que sólo un 15,8% de presencia femenina. Ello se replica en el mundo privado, en sueldos y cargos superiores, y es más notorio aún en el la Corte Suprema.

Parece claro que una inmensa mayoría de la sociedad chilena ya acepta el aspecto cualitativo, es decir, ya no existe debate respecto a sus competencias y capacidades. Pero queda una deuda pendiente en materia cuantitativa, en pro de una mayor igualdad en acceso y retribución a la mujer. Si Virginia Woolf viviera, no hay duda de que seguiría librando esa batalla.


PIGMALIÓN


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