Hasta donde ayudan las apariencias

Fecha Publicación: 8/6/2016

Aunque la mona se vista de seda, mona queda; para evitar problemas de género, resulta conveniente recordar que aunque los monos se vistan de estudiantes, siguen siendo los mismos ignorantes. Ambas sesudas sentencias sirven para recordar que las apariencias no bastan, por lo menos no por mucho rato.

A pesar de lo añejas de estas verdades y de la fuerte evidencia que no han perdido vigencia, el moderno desdén hacia lo antiguo abre un amplio pasillo por el cual se deslizan nuevas propuestas, más amistosas, livianas y menos exigentes. Es posible que la pinta importe más que lo que se nos ha tratado de inculcar, que no sea necesario ser auténticamente lo que queremos ser, que baste ser un maestro en el arte de aparentar.

Una excelente manera de aparentar, para los que no se quieren tomar la molestia del esfuerzo serio, o no les alcanza para eso, es el uso del lenguaje, decir las cosas como se suponen deben decirlas los expertos. La reconocida fuerza de la palabra que lleva incluidos sentidos ocultos, de fondo, más allá de su intención original. Debe ser por eso que cada gremio, grupo de especialistas o iniciados, o los que quieren dar a entender que pertenecen a dichos colectivos, adoptan con amoroso cuidado un repertorio de palabras rituales, que les separa de otros que tienen que conformarse con las palabras de todos los días, el lenguaje común y corriente.

Sin embargo, como a falta de fondo se suele repetir la forma, de a poco estos personajes empiezan a repetir las mismas monsergas y dejan de ser creíbles, recobran su original condición que creyeron superada: de los que hablan, huecamente, por hacer ruido. 


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