Descentralización: La indeseable repetición del parto de los montes

Fecha Publicación: 6/6/2016

Ha pasado tanto tiempo en el debate sobre el fortalecimiento de las regiones y descentralización, así como sobre las diferentes medidas a implementar para hacer posible estos indispensables objetivos, que se tiende a olvidar de qué se trata realmente, especialmente para los mismos ciudadanos que terminan por dejar el asunto de lado al observar las vicisitudes de las propuestas que más parecen fuegos de artificio que avances auténticos. 

Volver a poner sobre la mesa la premisa básica; la situación de países en vías de desarrollo en los cuales el gobierno central no ofrece un nivel adecuado de oportunidades y servicios de manera uniforme en todo el territorio, a tal grado, que el centro y las regiones no tienen punto de comparación, no se trata simplemente de una capital diferente, sino de literalmente otro país, con diferentes y ostensibles mejores estándares en todo orden de cosas y al cual, como ocurre con cualquier país próspero, se aspira a migrar, para acercarse a lo que se supone es la riqueza común de la nación. 

Romper ese paradigma es un asunto de extrema complejidad, independientemente de los cambios administrativos que conlleva, la barrera básica es el temor a la delegación de funciones, especialmente el uso de grandes recursos públicos a ser decididos por las autoridades regionales, el otro, es el temor a la pérdida del poder de las actuales estructuras y actores, factores soterrados, que si bien existen, suelen ser negados, incluso cuando es clara la presencia de doble estándar, de divorcio entre lo que se dice y lo que se hace o deja de hacer. Las dos barreras más severas se levantan precisamente en esos sectores neurálgicos de la polémica, las atribuciones de las autoridades regionales y su grado de independencia, y el uso de los recursos.

Tan pronto empezó este mes, más de centenar de Consejeros Regionales (CORE) del país se dieron cita en la Tribuna de la Sala de la Cámara Baja, para presenciar la votación sobre el proyecto de ley relativo al fortalecimiento de la regionalización del país, el cual ha pasado a comisión mixta. 

El resultado, a fines de la semana recién pasada fue de 71 votos a favor, 25 en contra y dos abstenciones, de esa manera la Cámara Baja aprobó en segundo trámite constitucional ese proyecto luego de que las comisiones de Gobierno Interior, Nacionalidad, Ciudadanía y Regionalización de la Cámara Baja rindieran sus respectivos informes. Sin embargo ha quedado pendiente el articulado referido al sistema de decisión sobre el gasto regional a través del Consejo (CORE) deberá ser zanjado en comisión mixta. Uno de los diputados, Bernardo Berger, concluye: "debiésemos reforzar las atribuciones de los consejeros regionales(…) hoy no hay posición unánime por ejemplo, en la forma de aplicación del gasto".

La magnitud de aspectos por resolver en descentralización, deja en evidencia la voluntad que hace falta para imponerla, asumir comprometidamente que ésta no es un aspecto secundario y postergable de la administración pública, es una necesidad imperiosa y urgente, a menos que efectivamente las fuerzas viva regionales se comprometan en serio con su implementación puede ser otro intenso ruido de efectos finales insignificantes, con antecedentes clásicos, "parturient montes nascetur ridiculus mus"; parieron los montes y nació un ratón ridículo.


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