La universidad y el pensamiento crítico

Fecha Publicación: 5/6/2016

Un valiente grupo de estudiantes de la Universidad de Concepción enfrentó, a cara descubierta, a bárbaros enmascarados, en el escudo del Arco de la Universidad, un gesto esperanzador de valentía frente a la prepotencia ideológica o al fanatismo y la violencia.
 

Se ha insistido en muchas ocasiones que la Universidad desempeña un papel muy importante en la sociedad como conciencia crítica de la misma. Su autonomía y la libertad académica le permiten desempeñar este papel, más ahora que las democracias se han consolidado en la mayoría de los países del mundo y la generación de conocimiento se permeabiliza universalmente. 

Es casi un pensamiento ocioso observar que las universidades han cambiado notablemente desde que se fundaron en la Edad Media hasta nuestros días. Se han transformado, de pequeñas comunidades de profesores y alumnos, a organizaciones complejas y en permanente evolución, con tareas de influencia recíproca; docencia investigación, innovación, extensión vinculada al medio, un universo en el cual conviven grupos con intereses diversos.

En ese mundo han de convivir, igualmente, las dinámicas del cambio con las permanentes virtudes y valores de las personas y de los estudios, el deber de la universidad es luchar por que prevalezcan los inmanentes principios de humanidad y de civilización, por sobre las presiones y los problemas circunstanciales.

Para hacer frente a estos desafíos, se hace necesario el pensamiento crítico, lo que implica realizar juicios documentados, basados en la evidencia, discriminar la calidad de la información y pensar de manera autónoma, lo cual permite realizar juicios y tomar decisiones basadas en maduros procesos racionales.

Justamente, la competencia que hace falta frente a los desafíos y frente a la propuesta de grandes y trascendentes cambios, pensamiento crítico en vez de respuestas viscerales o simples slogans, el proceso duro de la razón en contraste con el fácil llamado a las emociones. Es muy posible que sea por eso que el pensamiento crítico se ha transformado en una de las habilidades con las que el mundo se ha desarrollado durante los últimos siglos, si se vive en un mundo con un ritmo de cambio mucho más acentuado, es más necesario más que nunca disponer de esta indispensable herramienta.

Las universidades chilenas está en un escenario de hondos cambios, la Reforma Educacional ha sacado a la superficie una multitud de temas que han estado siempre presentes, solo que la mayoría en situación de moratoria, ocultos o latentes, desde la calidad, la equidad, la accesibilidad, pasando por el papel que deben cumplir esas instituciones en la sociedad, como motor o como reservorio.

Ante el actual escenario, en un proyecto que se encuentra ad portas de ser entregado al Parlamento para su discusión, los más directamente involucrados, el organismo viviente, universitas magistrorum et scholarium, la comunidad de maestros y estudiantes, tiene la obligación de actuar con sus mejores luces, con la toga, no con la espada. Tiene que imponerse la fuerza de la razón.

Un valiente grupo de estudiantes de la Universidad de Concepción enfrentó, a cara descubierta, a bárbaros enmascarados, en el escudo del Arco de la Universidad, un gesto esperanzador de valentía frente a la prepotencia ideológica o al fanatismo y la violencia, una señal de la tarea pendiente; resolver pacífica y reflexivamente los problemas que enfrentan el país y particularmente la educación, desde la prístina e irrenunciable misión de la universidad. Optar por jornadas de reflexión como prólogo de otras dinámicas es una actitud constructiva, siempre que sea auténticamente una instancia de pensamiento crítico.


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