La importancia de la educación técnico profesional

Fecha Publicación: 3/6/2016

La educación técnico profesional (ETP) en Chile ha alcanzado su mayoría de edad. Desde su creación en los años ochenta, han pasado más de treinta años en un curso de desarrollo continuo y permanente. Lo que no ha logrado un nivel de madurez equivalente ha sido la actitud de la sociedad en cuanto al reconocimiento de sus egresados, aun con el paradigma de la educación universitaria como superior en jerarquía.

Es una situación que ha sido bien descrita por la jefa de la división de educación del Banco Interamericano de Desarrollo, al señalar que en América Latina, con excepción de Chile, la educación técnica había sido el hermano olvidado del sistema, posiblemente por el estereotipo antes señalado.

Se ha repetido incansablemente que la inversión en capital humano es esencial para aumentar la empleabilidad, la prosperidad económica y el bienestar social. Sin embargo, no se ha prestado la atención debida al aporte necesario para aumentar sustantivamente la productividad asociada en investigación e innovación en centros universitarios y al soporte más decidido a la ETP, ambas instancias críticas al momento de dotar al país de ese capital humano, descrito como indispensable.

En términos generales, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde), a la que Chile pertenece, lo que el mercado laboral requiere es 80% de técnicos y 20% de profesionales de dirección, planificación e investigación. Industrias tradicionales como la minería o la pesca, e industrias nacientes con un futuro promisorio, como el turismo o la agroindustria, necesitan sobre todo técnicos calificados con carreras cortas de dos o tres años, donde la práctica es una parte importante de la enseñanza y del conocimiento eficiente y un número limitado de investigadores, planificadores y dirigentes.

Es posible que exista frente a esta alternativa un espacio para la reflexión, incrementar los aportes para las universidades de tal manera que éstas tengan el financiamiento necesario para competir en la compleja sociedad del conocimiento, con un cambio cualitativo de sus egresados altamente calificados, necesarios para la generación de nuevo conocimiento y nuevas tecnologías.

Es una instancia adecuada, además, para examinar el énfasis relativo en la formación de profesionales que pudiera resultar sobredimensionada para las necesidades evolutivas del mercado y robustecer, sin desmedro para las universidades, la formación técnico profesional.

Una importante consideración relativa a la FTP son sus características distintivas, que definen su puesta en valor. En primer lugar, se trata de un sector que favorece el ingreso a la educación superior de un amplio espectro social, la mayoría de sus estudiantes provienen de la educación media del sector municipal y particular subvencionado, la mayoría de ellos y ellas estudia y trabaja al mismo tiempo, la mitad cursa estudios en jornada vespertina, no solo en los grandes centros urbanos. En segundo lugar, sus programas de estudio son necesariamente pertinentes con una oferta académica estrechamente relacionada con las necesidades reales de los alumnos.

La educación es el primer agente de movilización social, afortunadamente ha crecido la conciencia de la relevancia de este particular segmento, para el bien de los estudiantes y del futuro del país.


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