Las movilizaciones estudiantiles y su violencia destructora

Fecha Publicación: 2/6/2016

En una nueva demostración del diálogo de sordos, la Confech ha convocado a un paro nacional indefinido y una nueva marcha. Por qué no, si para solucionar los problemas que tiene este país, lo que hace falta es hacer paros indefinidos, en la medida de lo posible con abundantes marchas, masivas y destructoras. Una nueva e innovadora forma de democracia de todos en la calle y nadie haciendo lo que debe hacer, hasta la desaparición de los problemas y una mágica solución.

Esa medida universal para enfrentar las dificultades y desacuerdos ha sido propuesta, no por un colectivo en el cual se puede comprender las ingenuidades y las ilusiones, sino por estudiantes universitarios, la generación se supone de mayor capacidad intelectual del país , del cual se harán cargo en un plazo relativamente corto.

Para un rector, muy enterado de las circunstancias en el plano de la reforma educacional, "la única justificación es la inquietud juvenil. No existen muchos antecedentes que den respaldo, han tenido la oportunidad de conversar con las autoridades de Gobierno, han conocido las minutas igual que los rectores", dando a entender que quedan instancias para el diálogo y la argumentación madura y razonada.

Uno de los argumentos más enérgicamente esgrimidos por los estudiantes es el desconocimiento del proyecto que se enviará por parte del gobierno al parlamento nacional. Otra muestra de incultura cívica, en una interpretación distorsionada de los derechos ciudadanos, que el proyecto sea aprobado previamente por los estudiantes y después por los legisladores de la nación.

En ese sentido, para la reacción indignada de los dirigentes de la Confech, el jefe del Partido Comunista criticó esta manera de proceder, que no se puede, para avanzar en esa dirección, dar un ultimátum al Gobierno. Expresa sus dudas que sea un mecanismo adecuado, señalando como alternativa mucho más adecuada continuar en el diálogo, como ocurrió en la movilización de los profesores.

Para el ciudadano común, aquel que hace esfuerzos para educar a sus hijos y sostener su familia, son inaceptables los paros intempestivos, los desórdenes, la destrucción, las marchas contaminadas con delincuentes, o la violencia enmascarada de algunos estudiantes que aprovechan estas instancias para mostrar sus peores instintos. 

La ciudad paga al contado los resultados de estas movilizaciones, que tienen un alto grado de irresponsabilidad, para un contingente numeroso de los participantes estas tienen un componente lúdico, una manera de romper la rutina escolar, para otros pocos es un ensayo en futuros roles ideológicos, y para los menos una herramienta de fines políticos a expensas de los bienes públicos y de la paz ciudadana. 

La Universidad de Concepción ha resultado particularmente afectada por los desmanes ya casi rutinarios que no han podido ser contenidos, hasta hacer necesaria una declaración pública para la defensa de la seguridad de las personas que allí laboran y estudian y para la defensa de su patrimonio. El desafío está sobre la mesa para las autoridades que corresponda.

 


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