El misterioso poder que otorga el tacto

Fecha Publicación: 2/6/2016

Hay viejas creencias que asignan valor al simple contacto, tocar a otros, como potencial método de sanación Recientemente, un investigador alimentó a conejos con dietas altas en colesterol, en todos los aspectos los conejos eran iguales, salvo el cariño. En efecto, lo único diferente en estos conejos es que un grupo de ellos era acariciado con mucha frecuencia por el investigador mismo y los otros conejos, no. Los conejos regalones, al final del experimento, tenían 50% menos arterioesclerosis que los otros conejos, alimentados igual, pero no acariciados. 

Hay resultados parecidos en la recuperación de pacientes que han sufrido ataques cardíacos, cuya evolución parece ser mejor cuando pueden acariciar a sus mascotas, incluso cuando, distraídamente, están conversando con amigos y parientes.

Otra evidencia puede ser observar a primos cercanos de nuestra especie, monos de diferentes tipos, absortos en prestarse socorro táctil los unos a los otros, tanto el dispensador de cuidados, revisando a su prójimo meticulosamente, como el objeto de tan concentrada atención, están sumergidos en una experiencia total. 

No podemos hacer lo mismo en plena vía pública, pero es difícil andar por la vida sin recibir un abrazo de vez en cuando, como mínimo, o someterse a una sesión de masajes, acciones que cumplen a veces un papel que va más allá de lo aparente, sobre todo en sociedades tan civilizadas en las cuales hasta darse la mano parece ser una imperdonable intromisión en la privacidad. Se ha sugerido que tener ese grado de intangibilidad podría ser dañino para la salud.

Es importante aclarar que eso no autoriza a andar metiendo la mano, como se ha sabido en las malas noticias de cada día.


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