La consagración de la humilde papa

Fecha Publicación: 1/6/2016

Hay otra efeméride que comentar, el día de la papa; el año 2008, fue proclamado el año de ese ubicuo tubérculo por la Naciones Unidas, aunque no hubo muchas noticias. A pesar de sus modestísimos comienzos en el Viejo Continente, la papa era un alimento consagrado en el altiplano sudamericano por ocho mil años, resultado de una temprana ingeniería genética que logró variedades que todavía asombran en las ferias populares de Bolivia y Perú. 

Los españoles las llevaron, en los espacios libres que quedaban entre otros despojos más redituables. La gente fina de la Península, de puro verlas, determinaron que no eran aptas sino para el ganado y los pobres. Así quedaron las cosas por más de tres siglos, hasta que en el siglo XIX, la academia de la ciudad francesa de Besancon llamó a un concurso de innovación de alimentos para esos tiempos de hambre.

Fue Antoine- Agustin Parmentier, agrónomo francés, el que cambió el estado de las cosas, por experiencia propia, ya que estuvo preso en la guerra con Prusia y había comido sapos, culebras y papas, encontrando éstas últimas mucho más sabrosas y nutritivas. Se encargó de demostrar que se podían hacer con ella toda suerte de platos, verdaderas joyas gastronómicas, lo que fue rápidamente adoptado por los chefs más connotados.

Antoine tiene su monumento de cuerpo entero y en la columna que lo sostiene aparece en sobre relieve entregándole papas a un campesino, esto porque hasta esa fecha era ilegal cultivarlas. Los gourmets le hicieron otro homenaje, tal vez más imperecedero, denominando "a la parmentiere" los platos enriquecidos con la humilde papa.


PROCOPIO


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