Protección de la salud mental del adolescente

Fecha Publicación: 31/5/2016

Según un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el 17% de los chilenos sufre de depresión, un porcentaje que posiciona a Chile, lamentablemente, como uno de los países con una de las tasas más altas a nivel mundial. En el mundo, según este organismo, esta enfermedad mental afecta a aproximadamente 350 millones de personas, siendo el suicidio uno de sus peores efectos.

Nuestro país tiene una tasa de muerte por suicidio de 11 por cada 100.000 habitantes, Chile es así uno de los países con tasas más altas de muertes entre las naciones Ocde. En el último tiempo, la exposición de diferentes casos al público conocimiento, preocupa por la influencia que puede ejercer en personas con fragilidades de salud mental. Los casos que llegan al conocimiento general son usualmente los menos numerosos, al haber en esta situación una realidad celosamente oculta. Todos ocurren bajo circunstancias similares; la condición de salud mental y de vida de los involucrados.

Dadas esas circunstancias, la vulnerabilidad de las personas que enfrentan situaciones que les abruman y sobrepasan es muy alta, anualmente se suicidan en el mundo más de 1 millón de personas, siendo la segunda causa de muerte en jóvenes con edades entre 15 y 29 años. En Chile, el 22% de la población sufre enfermedades mentales, según datos que vienen desde los años ‘90, actualmente se atiende solo del 20% de esa población, lo cual implica una brecha importante de cobertura, un espacio demasiado importante de personas en riesgo sin el suficiente apoyo.

La evidencia suele ser reiterada al señalar que un gran factor para el suicidio, especialmente en adolescentes, es que éstos sienten que han perdido la razón para vivir. Se preguntan a qué vinieron al mundo, para qué sirven, o son afectados por la pérdida de la vida comunitaria, familiar, el estrés, entre otras cosas, un escenario extraordinariamente frecuente en una sociedad individualista, donde el éxito personal parece ser guiado por el éxito de los demás, no por lo que cada quien necesita en realidad tener, en un sistema en el cual los más débiles no logran adaptarse, caracterizado por la indiferencia o la despreocupación por los demás.

El suicidio se asocia a la presencia de un trastorno mental, asociado a una depresión, cuadro psicótico, esquizofrenia o cuadro bipolar, que acompaña a la conducta suicida, pero esta no la explica en su totalidad, siempre se acompaña, además, de factores sociales asociados a la historia personal.

Son estas últimas circunstancias las que no deben ser ignoradas, especialmente en los adolescentes, a los cuales las características impersonales e indiferentes de la sociedad pueden afectar gravemente. Las familias deben observar preocupantes cambios de conducta de sus adolescentes, cambios de humor extremos, ira, o sentimientos vengativos extremos, niveles altos de ansiedad, sentimientos fuertes de culpa o vergüenza o la sensación de ser una carga para otros.

El suicidio adolescente es transversal, no hay un grupo de la sociedad que esté fuera de esa trágica posibilidad, es absolutamente necesario, en consecuencia, obtener espacios de encuentro en el seno de las familias, la gran entidad donde las personas encuentran refugio y apoyo, la familia ha sido aludida como una de las instituciones en crisis con la modernidad, la protección de sus miembros puede ser un argumento para restituir su poderosa fuerza.


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