El futuro no es lo que solía ser

Fecha Publicación: 27/5/2016

Ante la avasalladora evidencia de permanentes y sucesivos de cambios profundos y acelerados- como suele suceder ante el espanto- se recurre a los comentarios humorísticos, como declarar que el futuro no es lo que era, una paradoja, el considerar el futuro como un hecho del pasado, al ser alcanzado por la tromba del progreso. El futuro se desarrollaba con lentitud, daba tiempo para prepararse y a veces, mejor aún, demoraba en confirmarse. En cambio, ahora llega continuamente, a toda velocidad.

No es una reflexión nueva, en 1973, hace más de cuarenta años, Luis Capurro, un biólogo chileno, editó El impacto del futuro, libro inspirado por la obra de Alvin Toffler, Future Shock, escrita dos años antes, con parecida motivación; reflexionar sobre el significado de los cambios para el hombre, como especie, no como género.

Como Toffler, se afirma que hay tres fuerzas alterando el contenido psicológico de los grandes conglomerados humanos, la aceleración, la novedad incesante y la diversidad, tres fenómenos con los cuales nos sentimos actualmente familiarizados, por lo menos en sus denominadores, a lo mejor no tanto con sus implicancias, que están continuamente poniendo a prueba nuestra capacidad de adaptación.

El impacto del futuro es la imposición de una cultura que se desarrolla velozmente y que empieza a sobrepasar a la anterior y determina un impacto severo sobre las sociedades humanas, enfrentadas a una revisión completa de lo que hasta aquí había sido valedero, en ciencia, en cultura, en costumbres y en valores.

Los cambios no se justifican solos, no todos valen la pena, el futuro que viene depende de la capacidad de guardar lo que vale la pena y de transformar el resto. 
 


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