La más solemne de las tradiciones republicanas

Fecha Publicación: 22/5/2016

Difícilmente la ciudadanía va a entender como posible que el mismo mensaje sea interpretado de dos maneras totalmente diferentes por la línea oficialista y la de oposición, un comentario válido, porque la verdad tiene que estar en alguna parte, pero con seguridad no en los extremos

 

Se ha cumplido una de las ceremonias más solemnes del Chile republicano, el mensaje presidencial, la sacralizada ritualidad que marca, como un calendario virtual, el sístole y diástole de la vida de la nación.

Una lectura que será analizada por los comentaristas más calificados por las próximas semanas y que provoca la muy poco improvisada evaluación de los principales actores del gobierno y de la oposición, esperando su turno para expresar sus comentarios ante los medios, -posiblemente tras dura reflexión anterior- ante el hecho evidente que será citado ad nauseam los próximos días, para cerrar así la primera parte de este procedimiento.

Las reacciones no tienen absolutamente nada de sorprendente, hasta que sea interesante pensar porque se les concede tanta importancia cuando, con un mínimo de experiencia anterior, es posible intuir que tienda cobija al opinante con solo escuchar su juicio sobre el mensaje que casi todos los chilenos tuvieron oportunidad de oír o presenciar.

El ministro del Interior, al comentar sobre la tercera cuenta pública de la Presidenta, expresa, "lo que hay que poner en perspectiva es que ella (la Presidenta Bachelet) estaba dándole cuenta al país en qué estamos…"al tercer año de Gobierno, uno no está improvisando más y más anuncios, Chile es un país que no va a caer en populismos y que va a cuidar sus finanzas públicas y su macroeconomía".

Por su parte desde la otra vereda se manifiesta críticamente "Yo no sé si es que quieren hacerse los sordos y no oír a la gente, o ser ciegos y no ver las inquietudes ciudadanas. Pero la inquietud y el clamor existe, y es malo que el Gobierno no se preocupe de ello"

La situación es descrita con bastante propiedad por el presidente del Senado, al expresar que difícilmente la ciudadanía va a entender como posible que el mismo mensaje sea interpretado de dos maneras totalmente diferentes por la línea oficialista y la de oposición, un comentario válido, porque la verdad tiene que estar en alguna parte, pero con seguridad no en los extremos.

El hecho escueto es que el mensaje de la Presidenta, descrito como inusualmente corto, de una hora y treinta minutos, empleó 78 veces la palabra Chile, 36 familia, 33 educación y en 14 ocasiones la palabra democracia. Serenamente se dio cuenta de los avances de las iniciativas gubernamentales y se reiteró los principios que se tienen en cuenta para implementarlas.

Puede ser que faltara una necesaria autocrítica a situaciones negativas desencadenadas por desprolijidad en la presentación de propuestas, o la tardía atención a materias que debieron haber sido estudiadas más transversalmente y que obligó a introducir matices y gradualidades.

Ha sido el mensaje, las palabras que tienen que ser seguidas por las acciones, no solo del Gobierno, sino de todos los chilenos, la sociedad ha cambiado, no es posible avanzar sin considerar esos cambios. El contraste brutal ha sido la violencia en las calles, la demostración que para algunos la democracia es inválida, que no se puede construir un país más justo y bueno para todos sin destrucción o muerte, esa es otra realidad, posible consecuencia de falta de civilidad o falta de oportunidades.

Se ha escuchado el mensaje presidencial, todos los chilenos estamos convocados a hacer una Patria mejor, como se dijo en el mismo mensaje, todos ganando un poco, todos cediendo un poco para lograr el bien común.


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