Desinstalar el nepotismo para abrirle paso a la meritocracia

Fecha Publicación: 21/5/2016

Salvo una que otra opinión en contrario, se ha entronizado la idea de revisar la Constitución, por mucho que la opinión pública sitúe esta iniciativa en lugar lejano de su lista de prioridades y el porcentaje de personas que lo indique como problema crucial, del orden de un dígito. Seguirá estando en el centro del escenario por su infinita capacidad para generar esperanzas y establecer posiciones con pago inmediato en prestigio. No importa de qué lado se le discuta, hay oportunidades para todos.

Seguramente, en los cabildos, por mucho que los moderadores traten de impedirlo, han surgir toda suerte de propuestas, tengan estas, o no lugar en un documentos como la Carta Magna, sin confundir como la omniley que abarca todo y que para todo tiene remedio.

Hay en la actual Constitución muy explícitas indicaciones con respeto a probidad y decencia, a buenas prácticas. Dadas sus características no puede contener una larga relación de cada una de ellas para irlas sistemáticamente prohibiendo, de tal modo que cada falta no encuentra un correlato específico. Para cualquiera con un mínimo de competencias para las maniobras turbias podrá ser válido el argumento que la Constitución no lo prohibe, porque explícitamente no lo menciona.

Todos esos asuntos no mencionados están en consecuencia bajo el permeable manto de la ética, manto tan válido como la consciencia de quien lo usa, así ha sido posible observar increíbles maniobras de corrupción y malas prácticas, efectuadas por gente inocente hasta que fueron sorprendidos, para sorpresa de los ciudadanos crédulos que aún quedan.

Si se está en sugerir modificaciones a la Constitución, habrá que ser harto más específico para combatir frontalmente el desenfadado nepotismo reinante en la administración del Estado y en las instituciones públicas, a todo nivel, un transparente manual de público conocimiento de quién puede estar y quién no, de incompatibilidades que deben respetarse para garantizar la equidad de los procesos y procedimientos.

Para dejar claro un asunto oscuro, el concepto de nepotismo se utiliza especialmente vinculado al ámbito político y consiste en que un dirigente o autoridad favorece a su círculo íntimo, familiares, amigos, entre otros, con cargos públicos o con algún otro beneficio que sale directamente de las arcas del Estado, sin considerar el mérito o las cualidades profesionales, porque sabe que estos le reportarán lealtad y fidelidad, al estar en permanente estado de deuda.

La contraparte, aunque parezca ideal inalcanzable, es la meritocracia, el Gobierno a través del mérito, un sistema que sostiene la idea de que el poder y la responsabilidad deben ser de aquellas personas que acrediten las cualidades adecuadas para ocupar un cargo, una definición que bastaría para dejar en la calle a más de alguno.

Tendrá que haber una prohibición explícita, peliagudo asunto cuando los legisladores y autoridad no tienen los techos cubiertos de material adecuado, pero aún así la Carta Magna está por encima, para vigilar estas formas de corrupción, a veces muy sutiles, ya que tienden a distorsionar la equidad y la justicia, que al final no resulta igual para todos, sino con matices para los que están en los sitios estratégicos. Es difícil ir contra la humana naturaleza, puede ser por eso que se han inventado las leyes y las Constituciones.


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