La peste al acecho

Fecha Publicación: 21/5/2016

La manera habitual de los habitantes de esta estrecha faja de tierra es quejarse cotidianamente de que no podríamos estar peor, a las dificultades del diario vivir se añaden aquellas de las molestias y enfermedades varias, y algunos recurren a la lastimera condición de licencia médica. Llega el invierno con su secuencia de vacunas y enfermedades varias, para regocijo de los especialistas involucrados y de aquellos que se encargan de rentabilizar las pociones que nos traerán de vuelta a este mundo.

No siempre se pudo escapar de las pestes, entre los años 1334 al 1346, ésta se lleva a cinco millones de seres humanos en China, llega a Crimea, o sea al Mar Negro, lleno de puertos ocupadísimos, para la salida al Mediterráneo. Plena de barcos mercantes y sus abigarradas tripulaciones, del todo inocentes en aquellos abstractos conceptos de higiene y limpieza, terreno abonado para la generosa distribución de las siete plagas de Egipto, además de productos comerciales de enorme demanda.

Las ratas grises y negras, causantes de la transmisión en Asia, se apresuraron a ocupar los navíos que llegarían a Messina en Octubre de 1347, la ciudad es entonces asolada por la peste, sus habitantes desesperados trataron de combatirla con reliquias sagradas y agua bendita, sin resultados convincentes.

De ahí en adelante el terror: "como un humo negro la epidemia siega la vida de los jóvenes, un fantasma que no siente piedad por el semblante de los justos", escribe un poeta galés, Jeuan Gethin, muerto de peste en 1349. 

Es solo para dejar las cosas en su real dimensión, mientras tanto más vale salir abrigado a la calle.


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