Caras vemos... ¿y los corazones?

Fecha Publicación: 20/5/2016

Cesare Lombroso, en su famosa obra "L´uomo delinquente", pretende demostrar que los rasgos de la personalidad criminal siempre están asociados a anomalías físicas. Lombroso no llegó a afirmar de plano que los feos sean delincuentes, pero era más o menos lo mismo. Resulta fácil pensar que para personas simples, que no gustan de analizar las ideas nuevas, es lógico creer que las taras físicas se encuentran marcadamente frecuentemente en bandidos y no tanto en los jovencitos de las películas, idea que Hollywood comparte todavía, con emocionante ingenuidad.

Es fácil ignorar que tales características pueden estar asociadas a la pobreza, a la mala alimentación, a las enfermedades y lesiones no tratadas y que obviamente en estos grupos marginados la conducta delincuente puede ser un modo de vida, ante la falta de otras oportunidades. De ahí a promover la astuta idea que el que es feo, es malo por naturaleza, sólo hay un paso, uno inquietante.

Hasta en el romántico, almibarado y lacrimógeno libro "Corazón" de Edmundo de Amicis, hay una despiadada descripción de un niño pobre que está en la escuela y que es más encima sumamente malo, describe el autor; "Hay algo que repugna en esa frente baja, en esos ojos torvos, casi ocultos por la visera de la gorra de hule, se come las uñas y tiene la ropa llena de lamparones". En contraste con los superhombres de Nietzsche, arios puros, razas escogidas.

Puede todavía haber muchos convencidos que hay harto de verdad en tan famosos autores, a pesar de abundante evidencia en contrario. Es perfectamente posible que caritas bonitas escondan asuntos turbios y que otras más bien feas, puedan ser pozos de bondad. Caras vemos, corazones no sabemos.



PROCOPIO
 


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