El dudoso eco de un privilegio nobiliario

Fecha Publicación: 19/5/2016

El 22 de marzo de 1816, el director supremo de la nación, Bernado O’Higgins, decretaba la abolición de los títulos de nobleza y privilegios asociados, los que le parecían intolerables en una República decente. Así, ordenó que "se quitaran de todas las puertas de calle los escudos, armas e insignias de nobleza con que los tiranos compensaban las injurias reales que ingerían a sus vasallos".

En 199 años, otras normas han venido a reforzar su decreto. La Constitución declara en su artículo 1° que "todas personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos". El artículo 19, número 2 de la misma Carta, agrega que "En Chile no hay persona ni grupos privilegiados", y que "ni la ley ni autoridad alguna podrán establecer diferencias arbitrarias". 

Sin embargo, aún subsisten en nuestros días algunos cuestionables herederos de esos antiguos privilegios, que a fuerza de convivir con ellos, suelen tornarse invisibles. Uno de ellos es el de los estacionamientos reservados. Hace algunos meses, Diario Concepción hizo un recorrido por el centro penquista, y sólo en el perímetro de Lincoyán-Tucapel/Cochrane-Barros Arana, constató la existencia de más de 90 espacios reservados para uso exclusivo de autoridades y reparticiones públicas: seremías, municipios, Fuerzas Armadas y de Orden, consulados, Poder Judicial y un largo etcétera. ¿Es necesaria esta prebenda para los servidores públicos? 

Justo cuando se discute en el Congreso si corresponde que los malls puedan cobrar por los estacionamientos, vendría bien evaluar este discriminatorio beneficio municipal para unos pocos, privilegio que sin duda habría avergonzado al propio O’Higgins.
 


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