Inquietudes de las regiones que siguen sin resolverse

Fecha Publicación: 18/5/2016

Los políticos con mayor experiencia y olfato, o aquellos que tienen cercanía con las lecciones de la historia, deberían estar más atentos de lo que parece. No pocas veces grandes problemas, incluso movimientos trascendentales, no han sido ni siquiera percibidos por las autoridades. En la víspera de la toma de la Bastilla, Luis XVI en Versalles escribió el 13 de julio en su diario "Rien" ("Nada"), ignorante de los graves sucesos que se producirían al día siguiente y que conducirían a acabar con su propia persona cuatro años más tarde y por extensión, con el absolutismo del Antiguo Régimen.

Por supuesto que la situación que es cada vez más notoria en Chile no tiene características de tan dramático episodio, pero la similitud está en las señales muy claras que son desatendidas, o peor aún, subestimadas.

En relación a este tipo de situaciones, a través de una declaración pública, la Conferencia Episcopal se refirió a los conflictos del sur del país, aludiendo al centralismo que existe, poniendo de manifiesto lo que los medios regionales han mostrado con la mayor ecuanimidad posible y los medios capitalinos, con cierta condescendencia, o aun peor, con políticos aprovechando estas lamentables circunstancias para llevar mayores aportes de agua a sus respectivos molinos y, de paso, quitársela a sus adversarios.

Se ha prestado atención de coyuntura, con las medidas remediales para apagar el ruido o comprar tiempo, pero se insiste en pensar que se trata de problemas oportunistas, a los cuales hay que dedicarse solo cuando haga falta. Se yerra al considerar entidades aparte y aisladas, las protestas de Aysén y Magallanes, de la Araucanía, de Chiloé, las banderas bolivianas en caleta Portales.

Lo que tienen en común es el factor que aluden los obispos: "vuelve a penar el centralismo santiaguino en desmedro de las regiones. Todo tiene que terminar resolviéndolo la autoridad central, con lo cual queda claro el estrecho margen de maniobra que tiene la autoridad regional. Este escollo es grave. Para superarlo no se necesita esperar el día en que tengamos una nueva Constitución".

Lo que los obispos no mencionan es que en la actual Constitución obliga al Estado a promover la descentralización, y que con argumentos siempre renovados se consigue dejar ese compromiso en estado de moratoria, con una que otra declaración retórica, sobre todo en tiempos de elecciones.

La autoridad ha reaccionado tarde y mal. Tarde porque no se dio por enterada hasta que las consecuencias de la movilización había producido trastornos gravísimos. Y mal porque creyó que con dar dinero, con montos establecidos arbitrariamente, bastaría para dejar a todos en paz y poder dedicarse a asuntos más serios, como las interminables maniobras de la alta política.

Se ha pedido reiteradamente que los ciudadanos participen en el gran debate del proceso constituyente. Aunque no lo parezca ahora, la postura de las regiones, cansadas de autoridades que en la última línea dependen del poder central, o de consejos sin atribuciones, es parte de este debate, es una forma no planeada de participación, con una propuesta unívoca que resulta altamente inconveniente seguir desoyendo.


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