En búsqueda de los estándares extraviados en el Magisterio

Fecha Publicación: 17/5/2016

Como una nueva demostración de la característica incapacidad relativa nacional para poner atención a más de un asunto por vez, el ruido generado por los justos reclamos chilotes, o los últimos estruendos relativos a la Reforma Laboral, han opacado el hecho que, paralelamente, se trabaja arduamente en otros problemas de parecida trascendencia, si la calidad de la educación de los niños de Chile es digna de esa jerarquización.

En ese ámbito de preocupaciones se instala la puesta en régimen de la Ley 20.903, que crea el Sistema Profesional Docente y modifica Otras Normas, publicada el 1° de abril recién pasado. En esta Ley, se encomienda a la Comisión Nacional de Acreditación (CNA), la misión de otorgar la acreditación a las carreras que conducen a los títulos profesionales de Profesor de Educación Parvularia, Básica, Media, Técnico Profesional y Diferencial, es decir, a cuatro instancias formativas con sus particulares características y objetivos, pero que tienen como requisito común para ingresar a este proceso, que las carreras en cuestión sean impartidas por instituciones acreditadas.

No puede haber duda que garantizar la calidad de la formación de los profesores, en cualquiera de estos niveles, es absolutamente indispensable si se aspira a mejorar la calidad de la educación, sin desconocer los múltiple otros factores que operan en los resultados, el profesor sigue siendo un actor de clara relevancia y la atención que se preste a las circunstancias que permitan su mejor desempeño, de primera prioridad.

Por lo tanto, a la CNA le corresponde, según la ley mencionada, preocuparse de verificar que se cumplan diversas exigencias y orientaciones en los centros formativos, entre éstas; adecuados procesos, convenios con establecimientos educacionales para desarrollo de prácticas, cuerpo docente, infraestructura y equipamiento. Se incluye además exigencias en cuanto a requisitos de admisión, la implementación de pruebas diagnósticas, así como la generación de planes de mejoramiento a partir de los resultados de tales pruebas.

Para el 2016, definido como de transición, se espera abordar la certificación de cerca de más de setenta carreras cuyo período de acreditación termina este año. Se ha proyectado que será necesario acreditar un promedio anual de cien carreras, y una cantidad adicional de cerca de 200 carreras entre 2017 y 2018, que corresponden a aquellas que al día de hoy no se encuentran acreditadas y que disponen de un plazo de tres años para someterse a ese proceso, números que en sí mismos delatan la insuficiente regulación al momento de permitir la creación de carreras de Pedagogía, con poca atención a la calidad y la eventual demanda.

Según el Presidente de la CNA, Alfonso Muga, la facultad legal para realizar esta tarea ha sido valorada por la Comisión como un honor, ya que se le confía la delicada tarea de fomentar y de verificar que la formación inicial docente progrese en calidad y un desafío, porque obliga a desarrollar una definición de criterios de evaluación con consideración de las orientaciones y exigencias recién mencionadas.

Garantizar la calidad en la formación de profesores y recuperar para ellos la dignidad que el Magisterio ha venido perdiendo al subvalorar su aporte al desarrollo del país, es una tarea prioritaria e indispensable. Ya se ha esperado demasiado.


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