El río que se quedó en el patio trasero

Fecha Publicación: 2/9/2015

En la ciudad de Concepción se puede encontrar opiniones diferentes sobre el significado de los ríos, por un lado los que ven en ellos una fuente interminable de belleza y recursos, un sitio para visitar, para hacer picnics, para estar en familia, mientras para otros son barreras acuáticas, cuyo comportamiento aberrante e impredecible obliga a poner puentes y cuya conducta en los inviernos resulta por lo general imperdonable. En razón de lo anterior, mientras más lejos, mejor.

Sean esas las opciones, u otras, lo que está claro es que los penquistas con dos ríos, uno al frente y otro de respaldo, más un grupo original de siete lagunas, eligió quedarse lo más seco posible, abandonando ambas riberas y dejando las lagunas como cosa perdida. Estas últimas libradas a su suerte, para botar desechos o para construcciones heterogéneas y fuera del plan urbano, extramuros.

Solo en los últimos decenios se tomó conciencia de la necesidad de rescatar las lagunas, las que se salvaron, y prestar atención al río Bío Bío. El que quedó para después es el río Andalién, definitivamente en el traspatio. Tuvo mejores momentos, cuando por ese extremo de la ciudad se llegaba desde Penco, el testimonio es un puente maltratado, que en su época, al ser construido en 1890, mostraba con bastante prestancia su arquitectura neo clásica, con torrecillas de luz y paso para peatones. Ahora está avecindado con viviendas precarias y patios llenos de residuos, desechos y basura, más ropa tendida.

Sería justo darle una mirada y devolver a la ciudad un digno testimonio de su pasado, del cual queda tan poco.


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