Escollos en la ruta del desarrollo

Fecha Publicación: 14/5/2016

Como un elocuente signo de los tiempos y de los valores predominantes, la condición de país desarrollado, la emergencia del indeseable y, ciertamente, humillante estado de nación en vías de desarrollo- un olvidado eufemismo por país subdesarrollado- se asocia, casi de modo absoluto, con la renta promedio per capita, una contradicción allí mismo, ya que los promedios, en un país donde el 1% más rico tiene cerca del 35% de la riqueza nacional, no tiene significado alguno. Eso sí, para orgullo de los ciudadanos de este hermoso país con vista al mar, tenemos el espléndido récord de mostrar una de las cifras más altas de inequidad del mundo.

La novedad es que si llegáramos a los ingresos de Noruega o cualquier país de parecido perfil, tendríamos igualmente una brecha irremontable en otra serie de factores que hablan del desarrollo aún más claramente que el montón de dinero, sin quitarle méritos a este necesario implemento de la felicidad, con la cual suele confundirse.

Hay otros insumos del desarrollo, por muy olvidados que estén en estos tiempos de rápido y desmesurado deseo de enriquecernos; la cultura, por ejemplo, las buenas maneras, el hacer la vida del otro la mejor posible, que resulta, si todos estamos en esa, en que nunca nos faltará quien nos cuide, a nosotros, a los nuestros y a nuestras cosas.

Lo cierto es que, por mucho que los insaciables muestren expresiones de desprecio ante tan obvia ingenuidad, íntimamente convencidos que la única manera de vivir dichosamente en este mundo es tener más plata que el vecino. Se terminará por entender que se es tan pobre o tan rico según el tamaño de nuestras ambiciones.



PROCOPIO


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