La cada vez más necesaria búsqueda de transparencia

Fecha Publicación: 13/5/2016

Los antónimos de transparencia son la obscuridad y el enturbiamiento, se puede encontrar otros; hay momentos en los cuales buscarlos resulta más urgente, sobre todo cuando las cosas turbias parecen sobrepasar a las cristalinas.

Con cierto grado de optimismo, al revelarse otra vergonzosa o indignante escandalera, sobre todo de aquellas que provienen desde donde menos debieran generarse, se espera que la situación haya tocado fondo, que haya sido ese lamentable episodio el último.

No ha ocurrido de esa manera, a tal punto que el ciudadano de a pie, cercano al escepticismo absoluto, se ha puesto a esperar la nueva racha de malas sorpresas. Enterarse que otra vez, por un mecanismo ingenioso, haciendo uso de sectores descuidados, otros han encontrado el modo de meterle la mano al bolsillo sin que lo advirtiera, más la infortunada circunstancia que no tiene manera de recobrar lo que le han venido quitando. 

No es posible permitir, sin intentar intervenir todas las veces que haga falta, que se llegue a un punto de indiferencia frente al escándalo, el robo, el abuso, la asociación maliciosa para estafar al máximo de personas posible, por el monto mayor que se pueda.

La única manera de evitar que esa peligrosa tendencia se instale como una de las características endémicas de la nueva sociedad chilena, es obligar a la transparencia, ya que por sí sola, en el curso natural de las cosas, no se va a producir. Por eso es muy bienvenida la iniciativa de instalar observatorios de transparencia, encargados por el Consejo Nacional homónimo, iniciándose con un encargo a una entidad universitaria estatal, como "una forma de mejorar la calidad de la gestión pública".

El objetivo principal del Observatorio es aprovechar herramientas relacionadas con la participación ciudadana para fortalecer las capacidades de las personas en cuanto acceso a información pública y contribuir de ese modo promover una cultura de transparencia, justamente el tipo de iniciativas que puede salir al paso de las maniobras hechas en el ámbito de la opacidad y el secretismo.

En los primeros considerandos se ha planteado la situación con sincera y necesaria crudeza; que el sector público goza de mal prestigio, que está asociado a falta de transparencia y focos de corrupción. Para salir al paso de esta concepción y revertir la opinión de la ciudadanía, se impone mejorar la calidad de la gestión pública y hacerla limpiamente, a plena luz del día, visiblemente, énfasis más que necesario en tiempos de sospecha.

Es muy posible que no sea tan cuesta arriba como parece, puede que la actuación de la minoría haya levantado un muro de prejuicios negativos y que lo que hace falta es solamente demostrar, al escrutinio desconfiado de las personas, que el sistema público es moderno, eficiente y que trabaja al mejor nivel en términos de fe pública y transparencia.

Este proyecto tiene una indudable trascendencia, responde a una sentida necesidad, la gran mayoría de las personas en este país quiere seguir creyendo que Chile es un país decente, con delincuentes y estafadores como en todas partes, pero que el balance global y último sea la limpieza y la corrección como rasgo predominante.

Se espera que el Consejo instale seis otros observatorios en el curso del año. Ojalá los resultados sean consecuentemente transparentes, sería amargo que surgiera la duda de quién vigila a los vigilantes.

 


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